María de Nazaret. La Madre.

MAYO

 

Mayo 1

            Así como la gloriosa Virgen de las vírgenes lo llevó materialmente en su útero, de modo semejante tú, siguiendo sus huellas, principalmente las de la humildad y pobreza, podrás llevarlo siempre sin duda alguna espiritualmente en tu cuerpo casto y virginal, y contener a aquel que te contiene a ti y a todas las criaturas, y poseer algo que es la más firme posesión en comparación con todas las demás posesiones de este mundo.

(Cl3C 4)

Mayo 2

            Dijo sor Cristiana que de ninguna manera le sería posible declarar la santidad de la vida de madonna Clara y la honestidad de sus costumbres. Pero, según creía firmemente, había estado llena de gracias, de virtudes y de obras santas. Y pensaba que todo lo que se puede decir de santidad de alguna santa mujer, después de la Virgen María, puede decirse en verdad de ella.

(Proces V, 2)

Mayo 3

            A los hombres incito: vayan en pos de estos varones, nuevos discípulos del Verbo encarnado; las mujeres imiten a Clara, huella de la Madre de Dios, estrenada caudillo de mujeres.

(Carta Proemio destinada al Sumo Pontífice

acerca de la Leyenda de Santa Clara virgen)

Mayo 4

            Con buen juicio, porque era maestra de las incultas y, al decir de lo que se estila en el palacio del gran Rey, preceptora de las jóvenes, con tal acertado método enseñaba, y en tan sincero amor de piedad las aplicaba, que no hay elocuencia que pueda explicarlo cabalmente.

(LegCl 36)

Mayo 5

            Clara primero enseña a apartar de la morada de la mente todo estrépito a fin de que puedan permanecer fijas únicamente en la intimidad de Dios. Enseña después a no dejarse llevar del amor de los parientes según la carne y a olvidar la casa paterna si quieren agradar a Cristo. Las exhorta a no hacer caso de las exigencias del cuerpo frágil y a frenar con el imperio de la razón las veleidades de la carne. Les demuestra que el enemigo insidioso tiende lazos ocultos a las almas puras, y que tienta a los santos de un modo, de otro modo a los mundanos.

(LegCl 36)

Mayo 6

            Clara provee a las hijas, por medio de predicadores devotos, del alimento de la palabra de Dios, de cuyo reparto no saca ella la parte peor. Ya que al oír la santa predicación se siente inundada de tal transporte de gozo, de tal modo se deleita en el recuerdo de su Jesús, que, en cierta ocasión, mientas predicaba fray Felipe de Atri, un bellísimo niño apareció junto a la virgen Clara y, durante gran parte del sermón, le recreó con sus gracias. A la vista de semejante aparición, ella, que merecía tales visiones por su condición de madre, sentía una suavidad inefable.

(LegCl 37)

Mayo 7

            Una hermana de la comunidad, llamada Amada, desde hacía trece meses yacía agravada de hidropesía, consumida por añadidura por la fiebre y por la tos y por el mal de costado. Movida a piedad sobre ella, la dama Clara recurre al noble experimento de su arte médica: la signa con la Cruz en el nombre de su Cristo y al instante le devuelve la completa salud.

(LegCl 34)

Mayo 8

            Una esclava de Cristo, oriunda de Perusa, de tal manera había perdido voz en el espacio de dos años, que apenas podía articular palabras sensiblemente. La noche de la Asunción de Nuestra Señora, habiéndole sido revelado en visión que la dama Clara la curaría, aguardaba ansiosa que llegase el día. En amaneciendo, va presurosa a donde la Madre, reclama la señal de la Cruz; una vez signada, recupera la voz.

(LegCl 35)

Mayo 9

            Y no sólo las almas de sus hijas ama esta venerable abadesa, sino que sirve también y con admirable celo de caridad a sus cuerpos. Así, muchas veces las recubre con sus propias manos en el frío de la noche mientras duermen, y aquellas que comprende están incapacitadas para la observancia del rigor común, quiere que estén contentas en gracia de un gobierno más benigno. Si a alguna le turbaba la tentación; si, como sucede, a alguna le atacaba la tristeza, citada aparte, la consolaba con lágrimas.

(LegCl 38)

Mayo 10

            Y las hijas, agradecidas a sus bondades, corresponden a Clara con una total entrega de sí mismas. Ciertamente que comprenden el afecto con que la madre las ama, respetan en la maestra el oficio del superior, siguen en la educadora el recto proceder y admiran en la esposa de Dios la prerrogativa de una santidad perfecta.

(LegCl 38)

Mayo 11

            Una vez que el señor papa Gregorio había prohibido que ningún fraile se acercase sin su licencia a los monasterios de las Damas, la piadosa madre, doliéndose de que las hermanas habían de tener rara vez el manjar de la doctrina sagrada, habló gimiendo: “Quítenos ya para siempre a todos los frailes toda vez que nos retiró a los que nos administraban el nutrimiento de vida”. Y de inmediato devolvió al ministro todos los hermanos, pues no quería tener limosneros que procuraban el pan corporal cuando ya no disponía de los limosneros del pan espiritual. Oyendo esto el papa Gregorio remitió inmediatamente tal prohibición a la autoridad del ministro general.

(LegCl 37)

Mayo 12

            Adhiérete a su Madre dulcísima, que engendró un Hijo que los cielos no podían contener, y ella, sin embargo, lo tuvo en el estrecho claustro de su útero y lo llevó en su virginal seno.

(Cl3C 3)

Mayo 13

            Estando, por fin, la mujer encinta y ya próxima al parto, mientras rezaba atentamente, delante de la cruz en la iglesia, al Crucificado, para que la sacara con bien del peligro del parto, oyó una voz que le decía: “No tiembles, mujer, porque alumbrarás con salud una luz que resplandecerá con más claridad que el pleno día”. Enseñada con este oráculo, mandó que la recién nacida, al renacer en el sagrado bautismo, fuese llamada Clara, con la esperanza de que había de cumplirse de algún modo, conforme al beneplácito de la divina voluntad, la claridad de la anunciada luz.

(LegCl 2)

Mayo 14

            Clara rigió su monasterio y la familia que en él se le encomendó con solicitud y con prudencia, en el temor y servicio del Señor y en la plena observancia de la Orden: vigilante y cuidadosa, preocupada y entregada, alerta ella y dando ánimos a las demás; diligente para aconsejar, moderada en la corrección, serena al mandar; para compadecer, siempre dispuesta; discreta por su silencio, con madurez en sus palabras, solicitando consejo en cada circunstancia para gobernar acertadamente, prefiriendo servir a mandar, y honrar a ser ella misma honrada. Su vida resultaba doctrina y enseñanza para las demás.

(BulaCan 9)

Mayo 15

            Viniendo a faltar la abadesa, hágase la elección de otra. Y si en algún tiempo pareciere a la generalidad de las hermanas que la sobredicha no es suficiente para el servicio y utilidad común de ellas, estén obligadas las sobredichas hermanas a elegirse otra para abadesa y madre, cuanto antes puedan según la forma sobredicha.

(ClR 4, 6-8)

Mayo 16

            Y la abadesa provea solícitamente, así a estas como a las demás novicias, de una maestra elegida de entre las más discretas del monasterio, la cual las instruya con diligencia en la santa conversación y buenas costumbres, según la forma de nuestra profesión.

(ClR 2, 21-22)

Mayo 17

            Y la [abadesa] elegida considere la carga que sobre sí se ha tomado, y a quién ha de dar cuenta de la grey que se le ha encomendado. Esfuércese también en presidir a las demás antes con las virtudes y buenas costumbres que con el oficio, a fin de que las hermanas, movidas de su ejemplo, le obedezcan más por amor que por temor.

(ClR 4, 9-10)

Mayo 18

            No tenga [la abadesa] amistades particulares, no sea que, amando más a unas que a otras, escandalice a todas. Consuele a las afligidas, y sea el último refugio de las atribuladas, no sea que por falta de remedios saludables en ella se apodere de las enfermas el mal de la desesperación.

(ClR 4, 11-12)

Mayo 19

            ¡Oh madre e hija, esposa del Rey de todos los siglos!, aunque no te he escrito con tanta frecuencia como lo desean y anhelan tanto mi alma como la tuya, no lo extrañes, ni creas que por eso arde menos suavemente el fuego de la caridad hacia ti en las entrañas de tu madre; pues el único impedimento ha sido la escasez de mensajeros y el peligro de los caminos.

(Cl4C 2)

Mayo 20

            Y sumergida en esta contemplación, acuérdate de tu pobre madre, pues debes saber que llevo tu feliz recuerdo grabado de modo inseparable en las tablas de mi corazón, y que me eres más amada que nadie.

(Cl4C 5)

Mayo 21

            Calle la lengua de carne cuando se trata del amor que te profeso; y hable la lengua del espíritu, ¡oh hija bendita!, puesto que la lengua de carne en modo alguno podría expresar más plenamente el amor que por ti siento, y que por escrito te he manifestado a medias.

(Cl4C 6)

Mayo 22

            Te ruego, pues, que acojas con benignidad y devoción mis palabras y mires en ellas el afecto maternal que cada día experimento en el ardor de la caridad hacia ti y hacia tus hijas, a las cuales me encomiendo muy encarecidamente, en Cristo, con mis hijas, mientras ellas, especialmente la prudentísima virgen Inés, nuestra hermana, se encomiendan cuanto pueden, en el Señor, a ti y a tus hijas.

(Cl4C 6)

Mayo 23

            Sor Bienvenida declaró que todo lo que se decía de la santidad de la vida de madonna Clara era verdad y que no acertaría ella a ponderarla tanto, que no hubiese sido más en ella; no creía que desde la Santísima Virgen hubiera existido nunca mujer de mayor santidad que madonna Santa Clara, pues ella fue virgen, fue humilde, inflamada en el amor de Dios, de oración y contemplación continuas, alegre en la austeridad del alimento y del vestido, admirable en los ayunos y vigilias, al extremo de que muchas se admiraban de que pudiese vivir con tan poco alimento.

(Proces XI, 5)

Mayo 24

            Sor Lucía de Roma, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que tales fueron la santidad y la bondad de madonna Clara, abadesa del monasterio de San Damián, que no podía exponerlas plenamente de manera alguna. Al preguntarle en qué había consistido esta santidad y bondad, respondió que en su mucha humildad, en la afabilidad, honestidad y paciencia.

(Proces VIII, 1)

Mayo 25

            Si Clara veía a alguna hermana sufrir tentaciones o tribulaciones, la llamaba en particular y la consolaba llorando; a veces incluso se echaba a sus pies.

(Proces X, 5)

Mayo 26

Clara tenía gran compasión de las afligidas; era afable y generosa con todas las hermanas. Toda su conversación era de Dios y no quería hablar ni oír de las cosas del mundo. En el gobierno del monasterio y de las hermanas era próvida y discreta, más de lo que se puede decir.

(Proces XI, 5)

Mayo 27

            Clara, preclara en claros méritos, brilla con claridad de insigne gloria en el cielo, y en la tierra con el esplendor de sublimes milagros. Aquí resplandece la estricta y sublime Orden de esta Clara, se difunde hacia lo alto a la luz de su premio eterno, se muestra esplendorosa a los mortales su virtud con señales magníficas.

            Aquí se le otorga a esta Clara el privilegio de la suma Pobreza; le es dada en el cielo una abundancia inapreciable de riquezas; se le ofrece por todos el homenaje de una plena devoción y de un altísimo honor. Aquí clarificaron a esta Clara sus luminosas obras, y la sigue ilustrando desde arriba la plenitud de la eterna luz, y la exaltan ante los pueblos cristianos las maravillas de sus milagros.

(BulaCan 1-2)

Mayo 28

            ¡Bendita Clara, adornada tan diversamente con títulos de esplendor! ¡Clara ciertamente antes de tu conversión, brillaste más clara en tu conversión misma y fuiste preclara en tu tenor de vida claustral, y te has mostrado clarísima a partir de tu marcha de la vida presente!

(BulaCan 2)

Mayo 29

            Madonna Clara estaba abrasada por entero de caridad y amaba a sus hermanas como a sí misma. Y si alguna vez oía algo que no agradaba a Dios, con gran compasión trataba de corregirlo sin tardanza. Como ella fuese tan santa y tan adornada de virtudes, Dios quiso que fuese la primera Madre y Maestra de la Orden. Y tan bien guardó el monasterio, la Orden y a sí misma de todo contagio del pecado, que su memoria será reverenciada por siempre. Las hermanas creen que la santa Madre ruega a Dios por ellas en el cielo, ya que con tanta prudencia, bondad y cuidado las gobernó en la Orden y en el propósito de la pobreza.

(Proces XIII 3)

Mayo 30

            Sor Bienvenida, monja del monasterio de San Damián, durante el tránsito de la seráfica madre, encontrándose junto a su lecho, comenzó a reflexionar sobre la grande y maravillosa santidad de madonna Clara; y en este pensamiento le parecía que toda la corte celestial se ponía en movimiento y se preparaba para honrar a la Santa. Y especialmente nuestra gloriosa Señora, la Santísima Virgen María, disponía sus propios vestidos para adornarla. Mientras la testigo pensaba e imaginaba esto vio inopinadamente con los ojos de su cuerpo una gran multitud de vírgenes, vestidas de blanco, con coronas sobre sus cabezas, que se acercaban y entraban por la puerta de la habitación en que yacía la madre Santa Clara. En medio de estas vírgenes había una más alta, más de lo que se puede decir, bellísima sobre todas, que tenía en la cabeza una corona más grande que las otras. Encima de la corona tenía una bola de oro, a modo de un incensario, del que salía tal resplandor que parecía iluminar toda la casa. Estas vírgenes se acercaban al lecho de madonna Clara. Y la que parecía más alta la cubrió en el lecho con un velo finísimo, tanto que, por su transparencia, aún se veía a madonna Clara, a pesar de estar cubierta con él. Luego, la Virgen de las Vírgenes, que era la mayor, inclinó la cabeza sobre el rostro o sobre el pecho de la virgen Santa Clara, pues la testigo no pudo distinguirlo bien. Hecho esto, todas desaparecieron.

(Proces XI, 4)

Mayo 31

            Que sean altamente caras vuestras fatigas,

ya que cada una será reina en el cielo

coronada con la Virgen María.

(ExhCl 6)