JUNIO

El Padre de las Misericordias

 

Junio 1

            Entre los beneficios que recibimos y estamos recibiendo cada día de la liberalidad de nuestro Padre de las Misericordias, por las cuales a Él glorioso debemos mayormente rendirle acciones de gracias, grande es el de nuestra vocación; de modo que cuanto es mayor y más perfecta, tanto más deudoras le somos. Por lo que dice el Apóstol: Conoce tu vocación.

(ClT, 1) 

Junio 2 

            En esto, por tanto, podemos admirar la gran benignidad de Dios para con nosotras; que por su abundante misericordia y caridad se dignó manifestar estas cosas de nuestra vocación y elección por medio de su Santo. Y no sólo de nosotras profetizó nuestro beatísimo Padre estas cosas, sino también de las que nos habían de seguir en la santa vocación, a la cual nos llamó el Señor.

(ClT, 3) 

Junio 3 

Habiéndonos, pues, llamado el Señor para tan grandes cosas, para servir de espejo de los demás, estamos muy obligadas a bendecir y alabar al Señor, y a confortarnos más en el Señor para obrar el bien. Por lo cual, si viviéremos según la sobredicha forma, dejaremos a las demás un noble ejemplo, y con poquísimo trabajo nos granjearemos el premio de la eterna bienaventuranza.

(ClT, 3) 

Junio 4 

            Después que el altísimo Padre celestial por su misericordia y gracia se dignó iluminar mi corazón, para que, con el ejemplo y enseñanza de nuestro beatísimo padre Francisco, hiciese penitencia, poco después de su conversión, le prometí voluntariamente obediencia, con las pocas hermanas que Dios me había dado poco después de mi conversión.

(ClT, 4) 

Junio 5

            Y así, por voluntad del Señor y de nuestro bienaventurado padre San Francisco, después de haber permanecido en otro lugar, fuimos a morar en la iglesia de San Damián, donde el Señor en breve espacio, por su gracia y misericordia, nos multiplicó a fin de que se cumpliese lo que Él había predicho por su Santo.

(ClT, 4) 

Junio 6 

            En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

            El Señor os bendiga y os guarde; os muestre su faz y tenga misericordia de vosotras; convierta su rostro a vosotras y os dé su paz.

(ClB) 

Junio 7

            Yo Clara, sierva de Cristo y planta pequeña de nuestro padre San Francisco, Hermana y Madre vuestra y de las demás Hermanas Pobres, aunque indigna, ruego a Nuestro Señor Jesucristo, por su misericordia y por la intercesión de su santísima Madre María, del bienaventurado San Miguel Arcángel, Ángeles de Dios y de todos sus Santos y Santas, que el mismo Padre celestial os dé y confirme esta santísima bendición en el cielo y en la tierra; en la tierra, multiplicándoos en gracia y en sus virtudes entre sus siervos y siervas en su Iglesia militante; en el cielo, ensalzándoos y glorificándoos entre sus Santos y Santas en su Iglesia triunfante.

(ClB) 

Junio 8 

            Os bendigo en mi vida y después de mi muerte, en cuanto puedo y más aún de lo que puedo, con todas las bendiciones con que el Padre de las misericordias bendijo a sus hijos e hijas espirituales y los bendecirá en el cielo y en la tierra. Amén.

(ClB) 

Junio 9 

            Sed siempre amantes de Dios y de vuestras almas y de todas vuestras hermanas. Os ruego que observéis siempre con solicitud lo que al Señor prometisteis.

            Que el Señor esté siempre con vosotras, y vosotras siempre y en todas partes estéis con Él. Amén.

(ClB) 

Junio 10

            Doy gracias al otorgador de toda gracia, de quien creemos que procede toda dádiva buena y todo don perfecto, porque con tantos títulos de virtudes te ha adornado y con tales señales de perfección te ha clarificado, para que, haciéndote diligente imitadora del Padre, que es perfecto, merezcas hacerte tú misma perfecta, de modo que nada imperfecto vean en ti sus ojos.

(Cl2C 2)

Junio 11 

            Es claro que, por la gracia de Dios, el alma del hombre, la más digna de las criaturas, es mayor que el cielo, ya que el cielo, con las demás criaturas, no puede contener al Creador, mientras que sola el alma es morada y residencia suya, y esto tan sólo en virtud de la caridad, de la cual están privados los impíos, según lo atestigua la Verdad: “Quien me ama, será amado por mi Padre, y yo lo amaré, y vendremos a él y en él moraremos”.

(Cl3C 4) 

Junio 12 

            Sor Bienvenida, monja del monasterio de San Damián, declaró en el proceso de canonización de santa Clara, que la santísima madre, en primer lugar, le enseñó a amar a Dios sobre todas las cosas, en segundo lugar a confesar íntegramente y con frecuencia sus pecados, y, en tercer lugar, a tener siempre en la memoria la Pasión del Señor.

(Proces XI, 2) 

Junio 13 

            Cuando Clara mandaba a las hermanas externas fuera del monasterio, las animaba a alabar a Dios cuando viesen los árboles bellos, floridos y frondosos; también al ver a los hombres y a las demás criaturas, tributasen alabanza a Dios por todo y en todo.

(Proces XIV, 9) 

Junio 14

            Ora, por tanto, Clara, con instancias al Padre de las Misericordias para que su hermana Inés, a la cual dejó en casa, el mundo le disguste, séale Dios dulzura, y, así transformada, pase del propósito de unas nupcias carnales al vínculo en su amor, de modo que a una con ella se despose en virginidad perpetua con el Esposo de la gloria. Había realmente arraigado entre ambas un admirable afecto mutuo, el cual, por diferente motivación, había hecho para la una y para la otra dolorosa la reciente separación. Favorece muy presto la divina Majestad a tan señalada orante, y con más prisa le alarga aquel primer don particularmente suplicado y que a Dios le agrada.

(LegCl 24)

Junio 15 

            No por nuestros méritos, sino por la sola misericordia y gracia del Dador, que es Padre de las misericordias, se conserven siempre las hermanas en olor de buena fama, tanto para con los lejanos como para los cercanos.

(ClT, 9) 

Junio 16 

            Podéis imaginaros con qué violencia atormenta el dolor las entrañas de nuestra carne; mas, con todo, queremos alargar la mano de nuestra alma hacia la gloria por la alabanza divina y hacia la palma por la alegría, formulando votos para que el entendimiento mortal comprenda con qué saltos de júbilo es recibida la maravilla de su venerable cuerpo por parte del ejército celeste, y cómo le salen al encuentro los espíritus bienaventurados, y en qué forma se presenta ella ante los ojos del Creador, circuninrradiando por la virtud del Altísimo con una admirable pluralidad de milagros...

(NotCl)

Junio 17 

            Pide luego [Clara] con rostro angelical del Sumo Pontífice la remisión de todos los pecados. Y él exclama: “¡Ojalá no tuviera yo más necesidad de venia!; y le imparte, con el beneficio de una total absolución, la gracia de una ancha bendición.

            Cuando todos se retiran, porque aquel día había recibido de manos del ministro provincial la sagrada hostia, levantados los ojos al cielo y juntas las manos hacia Dios, con lágrimas dice a sus hermanas: “Hijitas mías, ‘alabad al Señor’, que hoy Cristo se ha dignado concederme tal beneficio que cielos y tierra no se bastarían a compensarlo. Hoy –prosiguió- he recibido al Altísimo y he merecido ver a su Vicario”.

(LegCl 42)

Junio 18

            Si alguna hermana, por instigación del enemigo, pecare mortalmente contra la forma de nuestra profesión; si, amonestada dos o tres veces por la abadesa o por otras hermanas, no se enmendare, cuantos días permaneciere contumaz, otros tantos coma en tierra pan y agua, en el refectorio, ante todas las hermanas; y sea sometida a una pena más grave si así pareciere a la abadesa; y entre tanto que permaneciere contumaz, hágase oración para que el Señor ilumine su corazón a penitencia. Mas la abadesa y sus hermanas deben guardarse de airarse ni conturbarse por el pecado de alguna; porque la ira y turbación impiden la caridad en sí y en las otras.

(ClR 22) 

Junio 19 

            Ya que, como confiamos, sois un solo espíritu con Cristo, os pedimos que en vuestras oraciones os acordéis siempre de Nos y elevéis vuestras manos hacia Dios, suplicándole con insistencia a fin de que Él, que sabe que en medio de tantos peligros no podemos subsistir por la fragilidad humana, nos robustezca con su virtud y nos conceda cumplir dignamente el ministerio que nos ha confiado, de modo que sea para su gloria, gozo de los ángeles y bien nuestro y de todos los que están confiados a nuestro gobierno.

(GregC) 

Junio 20 

            Sabedor, de hace poco, amadas hijas en el Señor, por nuestro carísimo hermano Fr. León, compañero del santo padre en otro tiempo, de cómo os esforzáis en seguir en toda pureza a Cristo, pobre, crucificado, como esposas del Rey eterno, alegrándome mucho en el Señor, exhorto por las presentes vuestra devoción y os conjuro a que, siguiendo con solicitud las huellas de las virtudes de vuestra muy bienaventurada Madre, enseñada por el Espíritu Santo, mediante el pobrecillo San Francisco, ninguna otra cosa queráis tener bajo el cielo sino lo que enseñó la misma Madre, es decir, a Cristo, y él crucificado (1Cor 2,2); y andando en pos del olor de su sangre, amadas hijas, a imitación de la Madre, abracéis con valor al que es espejo de pobreza, ejemplo de humildad, escudo de paciencia, título de obediencia, y encendidas en el fuego del amor divino, le entreguéis del todo vuestro corazón, ya que él en la cruz ofreció el suyo por nosotros a Dios Padre, para que, vestidas de la luz del ejemplo de la Madre y suavemente inflamadas en ardores sempiternos, difundiendo la fragancia de todas las virtudes, seáis el buen olor de Cristo, Hijo de la Virgen y esposo de las vírgenes prudentes, en los que se salvan y en los que se pierden.

(CtaB) 

Junio 21

            Adhiriéndoos, pues, continuamente, carísimas hijas, a Él, como a nuestro bien eterno, mientras gozáis de este bien, encomendadme también a su inefable clemencia a mí, pecador, pidiendo con insistencia que tenga a bien dirigir misericordiosamente mis pasos a gloria y honor de su admirable nombre y salud del pobrecillo rebaño de Cristo que me ha sido confiado.

(CtaB) 

Junio 22 

            Así pues, hermana carísima, o, más bien, dama digna de gran veneración, puesto que sois esposa, madre y hermana de mi Señor Jesucristo, brillantemente señalada con la enseña de la virginidad inviolable y de la santísima pobreza, confortaos en este santo servicio, por el que os habéis decidido, llevada del ardiente deseo de imitar a Cristo, crucificado, pobre, que sufrió por nosotros el suplicio de la cruz para liberarnos del poder del príncipe de las tinieblas, al que estábamos sometidos y como encadenados por la transgresión de nuestro primer padre Adán, y reconciliarnos con Dios Padre.

(Cl1C 2) 

Junio 23 

            Nada te amedrente, hija: Dios, que es fiel en todas sus promesas y santo en todas sus obras, derramará sus bendiciones sobre ti y sobre tus hijas. Él será vuestro defensor y vuestro mejor consolador, como es nuestro redentor y nuestra recompensa eterna.

(Cl5C 15-16)

Junio 24 

            Roguemos a Dios la una por la otra; así, llevando recíprocamente las cargas de la caridad, cumpliremos con facilidad la ley de Cristo.

(Cl5C 17) 

Junio 25

            Estando San Francisco gravemente enfermo de los ojos, el señor cardenal y protector de la Orden Hugolino, que le amaba íntimamente, le recomendó que fuera a Rieti, donde había excelentes médicos para el tratamiento de la vista. En cuanto el bienaventurado Francisco recibió la carta del señor cardenal, fue primero a San Damián, donde se encontraba Santa Clara. Pues había decidido, antes de emprender viaje, visitarla y consolarla y luego partir para Rieti.

(Flor XIX,1) 

Junio 26 

            Una vez en San Damián, a la noche siguiente, empeoró tanto de los ojos que no veía nada. Por lo que la bienaventurada Clara mandó construirle una pequeña celda de caña y esteras donde San Francisco pudiera vivir más retirado. Y allí permaneció cincuenta días con tanto dolor de sus ojos y tanta molestia producida por la multitud de ratones que el diablo suscitaba, que no podía descansar ni de día ni de noche.

            Entonces el beatísimo Francisco, reconociendo que todo ello era castigo del Señor, empezó a dar gracias a Dios y a alabarle de todo corazón y también de palabra y a aclamarle desde lo más entrañable de su ser, porque se sentía digno de aquellas enfermedades y angustias y de otras mucho mayores.

(Flor XIX,1-2) 

Junio 27 

            Por aquellos días y en el mismo lugar, después que el bienaventurado Francisco compuso el Cántico de las criaturas al Señor, escribió también unas letrillas devotas con canto para mayor consuelo de las Señoras Pobres del monasterio de San Damián, ya que sabía perfectamente que estaban profundamente afectadas por su enfermedad. Y como no le era posible, por la misma enfermedad, visitarlas y consolarlas personalmente, les envió dichas palabras por medio de sus compañeros para que se las recitaran.

(LP 85) 

Junio 28 

Francisco quiso manifestarles [a Clara y sus hermanas] con estos escritos de una vez para siempre su voluntad, es decir, cómo debían vivir unánimes en la caridad y así tratarse mutuamente, ya que por su ejemplo y predicación, cuando todavía los frailes eran bien escasos, ellas se convirtieron a Cristo. Comprendía, en efecto, que su conversión y forma de vida no cedía en prestigio de la religión de los frailes, de la que eran su plantita, sino que servían de edificación a toda la Iglesia.

(LP 85) 

Junio 29 

            Durante aquella semana en que murió el bienaventurado Francisco sucedió que la bienaventurada Clara, primera planta de las Damas Pobres de San Damián de Asís, émula principal de San Francisco en el mantenimiento de la observancia de la perfección evangélica, temerosa de morirse antes que él, pues a la sazón estaban los dos gravemente enfermos, lloraba amargamente y apenas encontraba consuelo alguno. Porque juzgaba que difícilmente podría ver antes de su muerte a Francisco, que después de Dios era para ella su único padre, su consuelo y su maestro, como también su primer fundador en la gracia de Dios. Y por eso se lo hizo saber a San Francisco por mediación de uno de sus frailes.

(LP 85) 

Junio 30 

            Y volviéndose sobre sí misma, Clara habla silenciosamente a su alma: “Ve segura –le dice-, porque llevas buena escolta para el viaje. Ve –añade-, porque aquel que te creó te santificó; y guardándote siempre como la madre al hijo, te ha amado con amor tierno. Tú, Señor –prosigue-, seas bendito porque me creaste”.

(LegCl 46)