JULIO

El Espíritu del Señor y su santa operación. 

Julio 1

            Y las que no saben letras, no se cuiden de aprenderlas; mas piensen que sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación, orar siempre a Dios con un corazón puro y tener humildad y paciencia en la tribulación y enfermedad, y amar a quienes nos persiguen, reprenden y acusan; porque dice el Señor: Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Y el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.

(ClR, 11, 26)

Julio 2

De nadie te fíes ni asientas a ninguno que quisiera apartarte de este propósito o ponerte tropiezos para que no cumplas los votos hechos al Altísimo, de vivir en aquella perfección a la que el Espíritu del Señor te ha llamado.

(Cl2C 3)

Julio 3

           Escuchad, pobrecillas, por el Señor llamadas,

de diversas partes y provincias congregadas.

Vivid siempre en la verdad

para morir en obediencia.

No viváis la vida de fuera,

puesto que la del espíritu es mejor.

(ExhCl 1-3 )

Julio 4

            Santa Clara siempre estaba alegre en el Señor y nunca se la veía alterada; su vida era totalmente angelical y tanta gracia le había dado el Señor, que a menudo, cuando sus hermanas caían enfermas, las curaba haciendo sobre ellas la señal de la cruz.

(Proces III,6)

Julio 5

            Dada a luz de allí a poco, la parvulilla Clara empezó a brillar con luz muy precoz en medio de las sombras del siglo, y a ganar esplendor durante los tiernos años por la rectitud de costumbres. De labios de su madre recibió con dócil corazón los conocimientos de la fe e, inspirándole y a la vez moldeándole en su interior el Espíritu, aquel vaso de verdad purísimo se reveló como vaso de gracias.

(LegCl 3)

Julio 6

            Cuando empezó a sentir los primeros estímulos del amor, [Clara] comprendió, ilustrada por la unción del Espíritu, que debía desdeñar la apariencia caduca de los adornos mundanos, tasando en su vil precio las cosas viles. Por esto, debajo de los vestidos preciosos y sensuales, llevaba escondido un pequeño cilicio, apareciendo exteriormente al estilo del mundo, pero revistiéndose interiormente de Cristo.

(LegCl 4)

Julio 7

            Muchísimas veces, postrada rostro en tierra en oración, Clara riega el suelo con lágrimas y lo acaricia con besos: cuál parece tener siempre en las manos a su Jesús sobre cuyos pies corren aquellas lágrimas y se graban los besos. Una vez, cuando lloraba en lo profundo de la noche, se le apareció el ángel de las tinieblas en forma de un niño negro diciendo: “No llores tanto, que te vas a quedar ciega”. Respondiéndole presto: “No quedará ciego el que verá a Dios”; aquél, confundido, desapareció.

(LegCl 19)

Julio 8

            Luego que se hubo postrado de bruces en oración al Señor, Clara, con lágrimas habló a su Cristo: “¿Te place, mi Señor, ¡eh!, entregar en manos de paganos a tus esclavas inermes, a las cuales he criado en tu amor? Guarda, Señor, te ruego, a estas tus siervas a las cuales no puedo defender en este trance”. En seguida, desde el propiciatorio de la nueva gracia, una voz como de infantillo se dejó sentir en sus oídos: “Yo siempre os defenderé”.

(LegCl 22)

Julio 9

            A los dieciséis días de la conversión de Clara, Inés, inspirada del divino Espíritu, se dirige presurosa a donde su hermana, y, anunciándole el secreto de su voluntad, le confesó que quería consagrarse por entero al Señor. Ella, abrazándola gozosamente: “Doy gracias –exclamó- a Dios, dulcísima hermana, porque ha atendido mi solicitud a favor de ti”.

(LegCl 24)

Julio 10

En ningún lugar hubo mayor observancia del silencio, en ningún lugar fue más patente tanto la apariencia como la realidad de todo lo honesto. Allí la charla fácil no entretiene al ánimo disipado, ni la ligereza de palabras refleja un afecto frívolo. De hecho, la misma maestra, parca en palabras, ciñe en brevedad de expresión la mente que abunda en pensamientos.

(LegCl 36)

Julio 11

            Clara, bien que no fuese letrada, gozaba, sin embargo, al escuchar la predicación de los letrados, consciente de que dentro de la corteza de las palabras se escondía el meollo que ella penetraba con fina sutileza y gustaba más sabrosamente. Acertó a extraer del sermón de cualquier orador lo que aprovechase al alma, a sabiendas de que no es menor habilidad recoger de vez en cuando una flor de un áspero espino que comer el fruto de un árbol de calidad.

(LegCl 37)

Julio 12

            El papa Gregorio sabía juiciosamente qué cosas puede el amor y qué fácil acceso se les franquea a las vírgenes puras ante el consistorio de la Majestad. Si ciertamente el Rey de los cielos a sí mismo se entrega a quienes le aman con fervor, ¿qué es lo que no ha de conceder, si conviene, a quienes le ruegan con devoción?

(LegCl 28)

Julio 13

            Había corrido durante cuarenta años en el estadio de la altísima pobreza, y he aquí que ya se acercaba al premio de la llamada suprema, precedida de múltiples dolores. Y es que el vigor de la constitución física, que en los primeros años había sucumbido ante la austeridad de la penitencia, fue vencido en los últimos tiempos por una cruel enfermedad, de modo que así como estando sana se había enriquecido con los méritos de sus obras, estando enferma se enriquecía con los méritos de sus sufrimientos.

(LegCl 39)

Julio 14

            Hasta qué punto su maravillosa virtud se había perfeccionado en la enfermedad se evidencia principalmente en esto, que en veintiocho años de continuo dolor “no resuena una murmuración ni una queja”; por el contrario, a todas horas brota de sus labios una santa conversación, a todas horas una acción de gracias.

(LegCl 39)

Julio 15

            Aunque, rendida por el peso de las enfermedades, parecía que era inminente su final, sin embargo, plugo al Señor retrasar su tránsito hasta el momento en que pudiese ser exaltada con dignos honores por la Iglesia romana, de la que era hechura e hija singular. El caso es que, mientras el Sumo Pontífice, con los cardenales, se detenía en Lyón, como Clara había empezado a sentirse más arreciada que de costumbre en su enfermedad, la espada de un inmenso dolor atormentaba el espíritu de las hijas.

(LegCl 39)

Julio 16

            De allí a poco se le presenta a una sierva de Cristo, virgen consagrada a Dios, del monasterio de San Pablo, de la orden de San Benito, la siguiente visión. Contempla en ella que está en San Damián juntamente con sus hermanas asistiendo a la enfermedad de la dama Clara, y que ésta yace en un lecho precioso. Y mientras lloran y esperan con lágrimas el tránsito de la bienaventurada Clara, una hermosa mujer, que aparece a la cabecera del lecho, habla a las que lloran: “¡Oh, hijas! –dice-, no queráis llorar a la que ha de vivir aún, porque no podrá morir hasta que venga el Señor con sus discípulos”.  Al cabo del un año, el señor Papa, con los cardenales, se trasladó desde Perusa a Asís, cumpliéndose así la referida visión sobre el tránsito de la Santa.

(LegCl 40)

Julio 17

            Después de breve tiempo, llegó la Curia romana a Perusa. Enterado el señor ostiense de que la gravedad iba en aumento, se apresura a visitar desde Perusa a la esposa de Cristo, de la cual había sido por oficio padre, por la atención mentor, por afecto purísimo siempre devoto amigo. Alimenta a la enferma con el sacramento del Cuerpo del Señor, alimenta también a las demás con la exhortación de una plática saludable.

(LegCl 40)

Julio 18

            Las hijas, que muy pronto quedarán huérfanas, rodean el lecho de la Madre. No las retrae el sueño, no las aparta el hambre; sino que, olvidadas del lecho y de la mesa, día y noche tan sólo el llorar las atraía. Entre ellas, Inés, virgen devota, saturada del amargor de las lágrimas, insiste a su hermana que no se marche abandonándola a ella. Le responde Clara: “Hermana carísima, es del agrado de Dios que me vaya; mas tú cesa de llorar, porque llegarás pronto ante el Señor después de mí, y Él te concederá un gran consuelo antes de que yo me aparte de ti”.

(LegCl 43)

Julio 19

            Al cabo de pocos días, Inés, citada a las bodas del Cordero, siguió en pos de la hermana Clara a las eternas delicias; allí entrambas hijas de Sión, hermanas por naturaleza, por gracia y por reinado, cantan a Dios con júbilo sin fin.          

(LegCl 48)

Julio 20

            Por cierto que recibió aquella consolación que Clara prometió a Inés antes de emigrar. De hecho, como había pasado, precediéndola la hermana del mundo a la cruz, así, mientras Clara comenzaba a brillar con prodigios y milagros, Inés, en pos de ella, pasó en sazón de esta luz que fenece a velar con Dios. Por concesión de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

(LegCl 48)

Julio 21

            Una de las hermanas, por nombre Andrea, sufría de un tumor en la garganta. Extraño es en verdad que, en medio de aquellas piedras incandescentes, se ocultase un alma tan fría, y que, entre las vírgenes prudentes, hiciese el tonto una imprudente. Es el caso que ésta, una noche, oprimió su garganta hasta el ahogo con el intento de expulsar por la boca aquel cuajarón, queriendo sobreponerse por su cuenta a la divina voluntad.

            Mas al momento, Clara, por inspiración, tuvo conocimiento del hecho. “Corre –dice a una de las sores-, corre volando al piso de abajo y dale a sorber a la hermana Andrea de Ferrara un huevo pasado por agua, y sube con ella aquí”.

            Bajando aquella presurosa, encontró a la dicha Andrea privada del habla, próxima a la asfixia a causa de la opresión de sus manos. La levanta como puede y la lleva consigo a donde la Madre; y la sierva de Dios le dice: “Miserable, confiesa al Señor tus pensamientos, que yo bien los conozco. Mira; lo que tú pretendiste curar lo curará el Señor Jesucristo. Pero haz  por mejorar tu vida, porque de otra enfermedad que has de padecer no te recuperarás”.

            Tras estas palabras recibió el espíritu de compunción y mejoró de vida muy notablemente. De allí a poco, ya curada del tumor, falleció de otra enfermedad.

(LegCl 59)

Julio 22

            En la elección de la abadesa están las hermanas obligadas a guardar la forma canónica.

            Y procuren con anticipación tener al ministro general o provincial de la Orden de Frailes Menores, que con la palabra de Dios las induzca a la perfecta concordia y común utilidad al hacer la elección.

            Y no se elija sino una profesa. Y si fuere elegida o de otro modo dada una no profesa, no se le preste obediencia si primero no profesare la forma de nuestra pobreza.

(ClR 10)

Julio 23

            Le coge la vez a la amante el Crucificado amado, y así, la que se inflama en tan grande amor en torno al misterio de la Cruz es distinguida con prodigios y milagros por la eficacia de la Cruz. Efectivamente, cuando traza la señal de la Cruz vivificante sobre los enfermos hace huir maravillosamente de ellos las enfermedades.

(LegCl 32)

Julio 24

            Preguntándole una de las hermanas que a quién hablaba, ella le respondió: “Yo hablo a mi alma bendita”. Y dirigiéndose luego a una de sus hijas dice: “¿Ves tú, ¡oh hija!, al Rey de la gloria que yo veo?”.

(LegCl 46)

Julio 25

            En esto consisten los prodigios maravillosos de los santos, en esto el testimonio venerable por los milagros: en la santidad de costumbres y en la perfección de las obras. Juan –ciertamente- no realizó ninguna señal; sin embargo, no se consideran más santos que Juan los que hacen milagros. Por tanto, bastaría a la santa virgen Clara, para testimonio de santidad perfectísima, el elogio de su vida, si por añadidura no exigiese otra cosa en parte la tibieza, en parte la devoción popular. Por eso Clara, mientras vivía, fue reconocida por sus méritos, y ahora, que está inmersa en el abismo de la claridad perpetua, no lo es menos maravillosamente por todo el ámbito de la tierra, ante la evidencia de los milagros.

(LegCl 49)

Julio 26

            Hijas queridas en el Señor, ya que por inspiración de la gracia divina habéis decidido caminar por la senda ardua y estrecha que conduce a la vida y acomodaros a una vida pobre por alcanzar las riquezas eternas, hemos juzgado oportuno describiros la observancia y la forma de vuestra vida religiosa, a fin de que cada una de vosotras sepa lo que debe practicar o evitar, no sea que, escudándose en la ignorancia, presuma peligrosamente hacer algo que le está prohibido o no concedido, o, por la infiltración de alguna desidia o tibieza, descuide o desprecie, más peligrosamente aún, lo que le está mandado.

(RegHug 2)

Julio 27

            Confiésense al menos doce veces al año, con licencia de la abadesa, y se deben guardar de mezclar entonces otras palabras fuera de las que se relacionen con la confesión y el bien de sus almas.

(ClR 9)

Julio 28

            Comulguen siete veces, esto es: el día del Nacimiento del Señor, el Jueves Santo, el día de la Resurrección del Señor, el de Pentecostés, el de la Asunción de la bienaventurada Virgen, en la fiesta de San Francisco, y en la de Todos los Santos.

(ClR 9)

Julio 29

            Ocupando la sede de Pedro el clementísimo príncipe señor Alejandro IV, hombre amigo de toda santidad, el cual era a la vez tutela de los religiosos y columna firme de las religiones, al extenderse la noticia de estas maravillas y resonar más anchamente de día en día la fama de las virtudes de la virgen, todo el mundo aguardaba ya con expectación la canonización de tan insigne virgen. Por fin, el mencionado Pontífice, movido por el cúmulo de tan señalados milagros a una decisión casi insólita, comenzó a tratar con los cardenales de su canonización.

            Comisiona a personas discretas y de categoría el examen de los milagros, y les encarga la investigación de su prodigiosa vida. Se deduce que Clara fue en vida un ejemplo clarísimo en la práctica de todas las virtudes; se concluye que, después de su tránsito, es admirable por sus milagros auténticos y comprobados.

(LegCl 62)

Julio 30

            Habiéndose reunido el día señalado el colegio de cardenales, estando presente la asamblea de arzobispos y obispos, ante una gran concurrencia de clero, religiosos, sabios y grandes de este mundo, el Sumo Pontífice propuso ante todos aquel asunto tan razonable, e inquiriendo de los prelados su juicio, todos dan inmediatamente su voto favorabilísimo y afirman que Clara debe ser glorificada en la tierra como Dios la ha glorificado en los cielos.

(LegCl 62)

Julio 31

            Acercándose, pues, el día de su tránsito al Señor, pasados dos años del mismo, congregada una multitud de prelados y de todo el clero, previo además un sermón, el feliz Alejandro, a quien el Señor le había reservado esta gracia, ante una afluencia extraordinaria de gente, inscribió reverentemente a Clara en el catálogo de los santos, y decretó que en toda la Iglesia se celebrase solemnemente su fiesta, y él con toda la Curia la celebró por primera vez solemnísimamente.

            Y todo esto tuvo lugar en Anagni, en la iglesia mayor, el año de la Encarnación del Señor de 1225, primero del pontificado del señor Alejandro, para alabanza de Nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

(LegCl 62)