La Fraternidad.

FEBRERO

Febrero 1

            Si alguna, movida de inspiración divina, viniere a nosotras queriendo abrazar esta vida, la abadesa está obligada a pedir el consentimiento de todas las hermanas; y si la mayor parte consintiere, habida licencia del señor cardenal nuestro protector, pueda recibirla.

(ClR, 2, 1-2)

Febrero 2

            La abadesa está obligada a llamar a sus hermanas a capítulo al menos una vez cada semana. En el que tanto ella como las hermanas deben acusarse humildemente de las ofensas y negligencias comunes y públicas. Y confiera en él con todas sus hermanas acerca de las cosas que se hayan de tratar para utilidad y bien del monasterio; porque muchas veces revela el Señor al menor lo que es mejor.

(ClR, 4, 15-18)

Febrero 3

            Para conservar la unión del mutuo amor y de la paz, elíjanse de común consentimiento de todas las hermanas todas las oficialas del monasterio. Y elíjanse de la misma manera al menos ocho hermanas de las más discretas, de cuyo consejo esté obligada a servirse siempre la abadesa en las cosas que requiere la forma de nuestra vida. Las hermanas puedan también y deban deponer alguna vez de su cargo a las oficialas y discretas, y elegir otras en su lugar si les pareciere útil y conveniente.

(ClR, 4, 22-24)

Febrero 4

            Desde la hora de Completas hasta Tercia las hermanas guarden silencio, excepto las que sirven fuera del monasterio. Guarden también silencio siempre en la iglesia, en el dormitorio, en el refectorio solamente cuando comen; excepto en la enfermería, en la que podrán hablar siempre las hermanas con discreción para recreo y servicio de las enfermas.

            (ClR, 5, 1-3)

Febrero 5

            Y la abadesa o su vicaria estén obligadas a distribuir, en el capítulo, en presencia de todas, los trabajos de mano. Lo mismo se haga si alguna limosna fuere enviada por algunas personas para las necesidades de las hermanas, a fin de que se haga memoria de ellas en común. Y todas estas cosas sean distribuidas para utilidad común por la abadesa o su vicaria, con el consejo de las discretas.

(ClR, 7, 3-5)

Febrero 6

            Acerca de las hermanas enfermas, esté firmemente obligada la abadesa a inquirir con solicitud por sí y por otras hermanas, y proveerlas caritativa y misericordiosamente, según la posibilidad del lugar, en cuanto a consejos, alimento y demás cosas necesarias que requiera su enfermedad. Porque todas están obligadas a proveer y servir a sus hermanas enfermas como querrían que se les sirviese si ellas estuviesen sujetas a alguna enfermedad.

(ClR, 8, 21)

Febrero 7

            Y con seguridad manifieste una a otra su necesidad; porque si la madre ama y alimenta a su hija según la carne, ¿con cuánta mayor diligencia no deberá la hermana amar y alimentar a su hermana según el espíritu?

(ClR, 8, 21)

Febrero 8

            Si aconteciere, lo que Dios no permita, que entre hermana y hermana alguna vez haya algún motivo de turbación o escándalo, de palabra o por signos, la que fue causa de la turbación, en seguida, antes que presente la ofrenda de su oración al Señor, no solamente se prosterne humildemente a los pies de la otra pidiendo perdón, sino que también le ruegue con humildad que pida por ella al Señor que la perdone. Y ella, acordándose de aquellas palabras del Señor: Si no perdonareis de corazón, tampoco vuestro Padre celestial os perdonará, perdone generosamente a su hermana cualquier injuria.

(ClR, 9, 23)

Febrero 9

            La abadesa amoneste y visite a sus Hermanas, y corríjalas con humildad y caridad, no mandándoles cosa alguna que sea contraria a su alma y a la forma de nuestra profesión. Mas las hermanas súbditas acuérdense que renunciaron a su propia voluntad por amor de Dios. Por lo cual estén firmemente obligadas a obedecer a sus abadesas en todas las cosas que prometieron al Señor guardar y no son contrarias al alma y a nuestra profesión.

            Y la abadesa tenga tanta familiaridad con ellas, que puedan hablarle y tratar con ella como las señoras con su sierva; porque así debe ser que la abadesa sea sierva de todas las hermanas.

(ClR, 10, 25)

Febrero 10

Y amándoos mutuamente con la caridad de Cristo, manifestad exteriormente con vuestras obras el amor que interiormente os tenéis, a fin de que, movidas las hermanas con este ejemplo, crezcan siempre en el amor de Dios y en la recíproca caridad.

(ClT, 9)

Febrero 11

            Ruego también a la que tenga el cargo de las hermanas que se esmere por presidir a las demás con las virtudes y santas costumbres, antes que por el oficio; a fin de que, movidas las hermanas con su ejemplo, le obedezcan no tanto por deber cuanto por amor. Sea asimismo discreta y próvida para con sus hermanas, como una buena madre para con sus hijas; y sobre todo, de las cosas que el Señor diere, procure proveerlas según la necesidad de cada cual. Sea además tan benigna y familiar con todas, que le puedan manifestar sin temor sus necesidades y a toda hora recurrir a ella con confianza, tanto para sí como para sus hermanas, según vieren que les conviene.

(ClT, 10)

Febrero 12

            Mas las hermanas que son súbditas acuérdense que por el Señor renunciaron a sus propias voluntades. Por lo cual quiero que obedezcan a su Madre, como con espontánea voluntad lo prometieron al Señor, a fin de que la Madre, viendo su caridad, humildad y unión entre ellas, lleve con más facilidad toda la carga de su oficio, y que lo que es molesto y amargo se le convierta en dulzura por el santo comportamiento de ellas.

(ClT, 10)

Febrero 13

            Las que se hallan afligidas por enfermedad

y las otras que os esforzáis por atenderlas,

todas por igual soportadlo todo en paz.

(ExhCl 5)

Febrero 14

            Tres años después de estar Madonna Clara en la Orden, a petición e instancias de San Francisco, que casi la obligó, recibió el gobierno de las hermanas.

(BulaCan 1, 6)

Febrero 15

            Cuando madonna Clara mandaba a las hermanas que hiciesen alguna cosa, lo hacía con mucho temor y humildad y la mayor parte de las veces prefería hacerlo ella que mandarlo a otras.

(BulaCan 1, 10)

Febrero 16

            La bienaventurada Madre era humilde, benigna y cariñosa hacia sus hermanas y compasiva hacia las enfermas; y mientras tuvo buena salud las servía, les lavaba los pies y les ofrecía agua para las manos y alguna vez limpiaba los vasos de las enfermas.

(BulaCan 1, 12)

Febrero 17

            Y confortando nuestros pechos para el abrazo con la divinidad, los reanimaba fraternalmente con el antídoto de un consuelo ininterrumpido.

(NotCl)

Febrero 18

            Una vez, estando enfermas cinco hermanas del monasterio, Santa Clara hizo sobre ellas la señal de la cruz e inmediatamente todas quedaron curadas. Y con frecuencia, cuando alguna de las hermanas tenía algún dolor de cabeza o alguna otra dolencia, la santa Madre las libraba de estos dolores con la señal de la cruz.

(Proces I, 16)

Febrero 19

            Clara amaba a las hermanas como a sí misma, y las hermanas, en vida y después de su muerte, la reverenciaban como a Santa y Madre de toda la Orden.

(Proces IV, 18)

Febrero 20

            Habiéndola traído el bienaventurado Francisco a la capilla de San Damián, en las afueras de Asís, que vino a ser cuna del nuevo instituto, allí el Señor le dio muchas compañeras para el amor y el culto de su nombre. Y aquí comenzó felizmente la insigne y sagrada Orden de San Damián, ya ampliamente difundida por el mundo. Aquí, por la exhortación del mismo bienaventurado Francisco, se dio comienzo y auge a esta nueva y santa observancia; aquí se colocó la primera y firme base de esta gran religión; aquí se puso la primera piedra de esta tan alta obra.

(BulaCan 5)

Febrero 21

            En este libro de su conducta aprendieron las demás la regla de la vida; en este espejo de su obrar miraron las otras los pasos de su vivir. Con el cuerpo estaba sobre la tierra, pero con el alma vivía en el cielo; vaso de humildad, cofre de pureza, fuego de caridad, miel de bondad, puntal de paciencia, lazo de paz y comunión de fraternidad: dulce en la palabra, suave en la obra, y en todo amable y grata.

(BulaCan 9)

Febrero 22

            Una de las hermanas, de nombre Bienvenida, había sobrellevado durante casi doce años debajo de un brazo la llaga de una fístula, que destilaba pus por cinco orificios. La virgen de Dios, Clara, compadecida de ella, le aplicó aquel su peculiar emplasto de la señal salutífera. Y de repente, a la señal de la Cruz, recuperó la curación perfecta de la úlcera añosa.

(LegCl 34)

Febrero 23

            Santa Clara era solícita en la observancia de su Orden y del gobierno de las hermanas como un hombre pudiera serlo de la custodia de su tesoro temporal.

(BulaCan 1, 14)

Febrero 24

            A la conversión maravillosa siguió una no menos maravillosa defensa. A saber: cuando las felices hermanas estaban, en la iglesia del Santo Ángel de Panzo, aplicadas a seguir las huellas de Cristo, y la que más sabía del Señor instruía a su hermana y novicia, de pronto se levantan contra las muchachas nuevas persecuciones de los familiares. En cuanto se enteran que Inés había pasado a vivir con Clara, corren al día siguiente hacia el lugar doce hombres encendidos en furia y, disimulando al exterior el plan malvado, fingen una visita pacífica. Pero al momento, encarados con Inés, pues en cuanto a Clara ya habían perdido anteriormente la esperanza, le dicen: “¿Para qué has venido a este lugar? Date prisa cuanto antes a volver a casa con nosotros”. Al responder ésta que no quería separarse de su hermana Clara, se lanzó sobre ella un caballero con ánimo enfurecido y, sin perdonar puñetazos y patadas, trataba de arrastrarla por los pelos, mientras los otros la empujaban y la alzaban con sus brazos. A todo esto, la jovencilla, viéndose como presa de leones, raptada de las manos del Señor, exclama diciendo: “Ayúdame, hermana carísima, y no permitas que me aparten de Cristo Señor”. Entretanto que los violentos salteadores arrastraban a la jovencita recalcitrante por la pendiente del monte, rasgándole los vestidos, señalizando el camino con los cabellos arrancados, Clara, postrándose en oración con lágrimas, pide que a la hermana se le conceda constancia en el designio, pide que las fuerzas de los hombres se vean superadas por el divino poder.

(LegCl 25)

Febrero 25

            Mas de repente parece cargado con tanto peso el cuerpo de Inés caído en tierra que, aunados los esfuerzos de muchos hombres, no se valen de ninguna de las maneras para transportarlo más allá de un leve arroyuelo. Acuden otros más, desde los campos y las viñas, con la intención de prestarles ayuda, pero les resulta imposible levantar del suelo aquel cuerpo. Y cuando ya tienen que desistir de su empeño, comentan el milagro con bromas, diciendo: “Toda la noche ha estado comiendo plomo, luego no es extraño que pese”. Todavía, no obstante, el señor Monaldo, tío paterno de ella, llevado de gran rabia, al intentar golpearla brutalmente con el puño, sintió de golpe que un dolor atroz le invadía la mano que había levantado, y por mucho tiempo se la atormentó un dolor de angustia.

(LegCl 26)

Febrero 26

            A tal tiempo, después de intenso penar, llegándose Clara hasta el lugar, ruega a los parientes que desistan de tanto forcejeo y dejen a su cuidado a Inés, que está ya medio muerta. Cuando aquéllos se marchaban con amargo humor sin llevar a cabo la empresa, Inés se levantó jocunda y, gozando al punto de la cruz de Cristo, por el cual había combatido esta primera batalla, se consagró a perpetuidad al servicio de las cosas de Dios. Por supuesto que el bienaventurado Francisco, de propia mano, la tonsuró, y a la vez que a su hermana, la amaestró en los caminos del Señor.

(LegCl 26)

Febrero 27

            El Señor había dispuesto bien que la primera en la Orden fuese tan santa que en ella no se viese defecto alguno, sino que se encontrasen acumuladas todas las virtudes y gracias hasta el punto de que, aún en vida, era tenida como santa por todos cuantos la conocían. Fue noble de estirpe según la carne, pero mucho más noble en la observancia de la Orden, pues incluso en el tiempo de su enfermedad no quiso dejar cosa alguna, y en esta santidad se gobernó a sí misma y a las hermanas durante casi cuarenta y tres años.

(Proces IV, 17)

Febrero 28

 

            A todas las sores de la Orden de San Damián extendidas por el mundo, las sores que moran en Asís desean salud en el Autor de ella.

            Mientras nos atormenta el aguijón de una lúgubre tristeza, vamos a comunicaros, no sin lágrimas, la desconsoladora historia, y os referiremos, no sin dolorosos lamentos, la funesta noticia de que el espejo de la estrella matutina, en cuyo esplendor admirábamos nosotras el reflejo de la luz verdadera, ha desaparecido de nuestra vista, pereció la que era apoyo de nuestra vida religiosa, y la portadora de nuestra profesión humana.

(NotCl)