La gracia de trabajar.
Las hermanas a quienes el Señor dio gracia de trabajar, después de la hora de Tercia ocúpense fiel y devotamente en un trabajo honesto y de utilidad común, de tal modo que, evitada la ociosidad, que es enemiga del alma, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, al que todas las cosas temporales deben servir.
Y la abadesa o su vicaria estén obligadas a distribuir, en el capítulo, en presencia de todas, los trabajos de mano.
(ClR, 7, 1-3)
¡Con cuanta solicitud, pues, y con cuánto empeño de alma y de cuerpo no debemos guardar los mandamientos de Dios y Padre nuestro, a fin de que, con la ayuda del Señor, le devolvamos multiplicado el talento recibido! Porque el mismo Señor nos puso como modelo, ejemplo y espejo no solamente a otros, sino también a nuestras hermanas, llamadas por el Señor a la misma vocación, a fin de que también ellas sean espejo y ejemplo para los que viven en el mundo.
(ClT, 3)
Las mujeres moran en comunidad en varios hospicios cerca de las ciudades. Nada reciben, sino que viven del trabajo de sus manos. Y se duelen y se turban en gran manera a causa de que clérigos y legos las veneran más de lo que ellas quisieran.
(Testimonio de Jacobo de Vitry)
Sor Pacífica del Guelfuccio de Asís, monja del monasterio de San Damián, dijo bajo juramento que conoció a Santa Clara cuando estaba en el mundo en casa de su padre y que todos los que la conocían la consideraban como persona de gran honestidad y de vida muy perfecta y que se dedicaba y ocupaba en obras de piedad.
(BulaCan 1, 1)
Enero 5
Santa Clara, en el tiempo que estuvo enferma, de manera que no podía levantarse del lecho, se hacía incorporar y se sentaba sostenida con almohadas e hilaba; de esta tela hacía confeccionar corporales, de los que envió a casi todas las iglesias del valle y de los montes de Asís. Cuando las hermanas confeccionaban los corporales, se enviaban por manos de los Frailes a las dichas iglesias o se daban a los sacerdotes que iban al monasterio.
(BulaCan 1, 11)
Enero 6
De los corporales elaborados con la tela hilada, otra testigo dijo lo mismo que sor Pacífica, pero añadió que hizo también unas fundas de papel para guardarlos y que las había hecho forrar de seda y bendecir por el obispo.
(BulaCan 2, 12)
Enero 7
Sor Bienvenida de Perusa, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que madonna Clara, que fue abadesa de aquel monasterio de San Damián, había sido de maravillosa humildad, y tanto se menospreciaba a sí misma que ejecutaba los trabajos más despreciables. E incluso limpiaba con sus propias manos los vasos de las enfermas.
(BulaCan 2, 1
Enero 8
Cuanto más encumbrada se ve por una tal apariencia de superioridad, Clara se encuentra tanto más baja en la propia consideración, más dispuesta al servicio, más despreciable en su condición. No rechaza nunca las ocupaciones más serviles, tanto que las más de las veces vertía el agua en las manos de las hermanas, permanecía en pie mientras las demás se sentaban, servía a la mesa cuando comían.
(LegCl 12)
Enero 9
Clara siente gran repugnancia al tener que dar ordenaciones; pero es ella quien las cumple voluntaria, porque prefiere realizarlas por sí misma antes que imponerse a las hermanas.
(LegCl 12)
Quiere también Clara que a determinadas horas, se ocupen las hermanas en labores manuales de modo que al mismo tiempo, según el deseo del fundador, conserven el fervor mediante el ejercicio de la oración, y, abandonando la torpeza de la negligencia, con el fuego del santo amor desechen el frío de la indevoción.
(LegCl 36)
Enero 11
Y la abadesa o su vicaria estén obligadas a distribuir, en el capítulo, en presencia de todas, los trabajos de mano. Lo mismo se haga si alguna limosna fuere enviada por algunas personas para las necesidades de las hermanas, a fin de que se haga memoria de ellas en común. Y todas estas cosas sean distribuidas para utilidad común por la abadesa o su vicaria, con el consejo de las discretas.
(ClR, 7, 3-5)
Enero 12
[Las Hermanas Pobres] son tenidas en gran reverencia por el señor Papa y por los cardenales. No se ocupan en absoluto de cosas temporales, sino que trabajan todos los días con ansias ardientes y vehemente solicitud.
(Testimonio de Jacobo de Vitry)
Enero 13
Si algunas jóvenes o mayores fueren de ingenio y capacidad, la Abadesa, si le pareciere convenir, hágalas instruir, señalándoles una maestra idónea y discreta, la cual las instruirá tanto en el canto como en los Oficios Divinos.
(RegUrb IV, 17)
Enero 14
Mas las Hermanas y Serviciales, en las horas y lugares señalados, como estuviese ordenado, ocúpense en trabajos útiles y honestos, teniendo en cuenta que, desechado el ocio, enemigo del alma, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, al que deben servir las otras cosas temporales.
(RegUrb IV, 18)
Enero 15
Y porque bajo la observancia de esta Religión todas las cosas deben ser comunes para la Comunidad, ni a ninguna es lícito tener algo suyo, guárdense cuidadosamente de que, con ocasión de estos trabajos o precio recibido por ellos, no se introduzca el contagio de la codicia o de alguna propiedad o notable particularidad.
(RegUrb IV, 18)
Enero 16
Suplica ella con lágrimas a tan distinguido padre que encomiende su alma y la de las otras damas por el nombre de Cristo. Mas sobre todo pide esto: que le obtenga del señor Papa y de los cardenales la confirmación del privilegio de la pobreza; lo que él, fiel protector de la religión, como lo prometió de palabra, lo cumplió de hecho.
(LegCl 40)
Enero 17
Uno de Perusa, llamado Bongiovanni di Martino, se había enrolado con sus paisanos contra los de Foligno. Habiendo surgido una violenta lucha entre un bando y otro, una pedrada le produjo una grave fractura en una mano. Interesado en curarse, gastó con los médicos mucho dinero, pero ninguno de sus recursos bastó para evitar que la mano quedara inútil e inhábil para cualquier trabajo. Molesto ya de soportar el peso de aquella su mano derecha, que no le parecía suya y que no le servía para nada, prefería mil veces que se la cortaran.
Al enterarse de los prodigios que el Señor realiza por medio de su sierva Clara, hace voto de ir lo antes posible al sepulcro de la virgen y ofrecer una mano de cera; y una vez allí se postra sobre la tumba de la Santa. Y poco después, antes de salir de la iglesia, sana de su mano.
(LegCl 54)
Enero 18
La portera sea madura en las costumbres y discreta y de edad conveniente, y esté durante el día allí, en una celda abierta y sin puerta. Tenga también asignada una compañera idónea, que, cuando fuere necesario, haga sus veces en todo.
La puerta esté bien asegurada con dos diferentes cerraduras de hierro, con batientes y cerrojos; esté cerrada, sobre todo de noche, con dos llaves, una de las cuales téngala la portera y otra la abadesa; y de día no se deje en manera alguna sin guardia, y esté firmemente cerrada con una llave.
(ClR 27)
Enero 19
La portera y su compañera vigilen con sumo cuidado, y procuren que nunca esté abierta la puerta sino el menos tiempo posible congruentemente. Ni se abra absolutamente a alguien que quiera entrar, sino a quien hubiere sido concedido por el Sumo Pontífice o por nuestro señor cardenal. Ni permitan las hermanas entrar a ninguno en el monasterio antes de la salida del sol, ni permanecer dentro después de puesto, a no exigirlo una causa manifiesta, razonable e inevitable.
(ClR 28)
Enero 20
Las hermanas que sirven fuera del monasterio no se demoren mucho fuera sino por una manifiesta necesidad. Deben conducirse honestamente y hablar poco, a fin de que puedan servir siempre de edificación a quienes las vean.
(ClR 24)
Enero 21
Pueden las hermanas tener también manteletas para comodidad y honestidad del servicio y trabajo. Y la abadesa las provea con discreción de vestiduras, según las cualidades de las personas y lugares y tiempos y frías regiones, así como viere que conviene a la necesidad.
(ClR 5)
Enero 22
Para el examen y admisión de las hermanas que sirven fuera del monasterio guárdese la forma predicha; y éstas podrán usar calzado.
(ClR 6)
Enero 23
Las hermanas ayunen en todo tiempo; pero en la Natividad del Señor, en cualquier día en que cayere, pueden tomar dos refecciones. A las jovencitas débiles, y a las que sirven fuera del monasterio, dispénseseles con misericordia, así como pareciere a la abadesa. Pero en tiempo de manifiesta necesidad no estén obligadas las hermanas al ayuno corporal.
(ClR 24)
Enero 24
No sea lícito a hermana alguna enviar cartas, o recibir algo, o dar fuera del monasterio, sin licencia de la abadesa. Ni sea lícito tener cosa alguna que la abadesa no haya dado o permitido. Y si los parientes u otras personas le enviaren algo, la abadesa haga que se le dé. Y ella, si tiene necesidad, podrá usarlo; y si no, haga partícipe a la hermana necesitada. Mas si se le enviase algún dinero, la abadesa, con el consejo de las discretas, cuide de que sea proveída de lo que necesita.
(ClR 20)
Enero 25
Sean solícitas siempre y providentes tanto la que estuviere en el oficio, como las demás hermanas, que no adquieran, ni reciban en torno al sobredicho lugar más terreno que el que exigiere la extrema necesidad para huerto, donde se cultiven las hortalizas. Y si en algún caso conviniere a la honestidad y aislamiento del monasterio tener más terreno fuera de la cerca del huerto, no permitan que se adquiera más que lo que exigiere la extrema necesidad; y no se cultive en manera alguna aquel terreno, ni se siembre, sino déjese baldío e inculto.
(ClR 8)
Enero 26
Sobrelleva de buen grado las adversidades, y no permitas que la prosperidad te engría: ésta te invita a la fe, aquéllas te reclaman. Cumple con fidelidad lo que has prometido al Señor, y él te dará la recompensa.
(Cl5C 8)
Enero 27
Ora y vela continuamente. Lleva a coronamiento el bien que has comenzado y cumple con fidelidad el servicio que has abrazado en pobreza santa y humildad sincera.
(Cl5C 13-14)
Enero 28
Conocedor el bienaventurado Francisco de que desde el principio de su conversión [Clara y sus hermanas] llevaban vida pobrísima y austerísima, por voluntad y exigencia propias, pensaba siempre en ellas con piedad y compasión.
(LP 85)
Enero 29
Francisco rogaba a Clara y sus hermanas que, como el Señor las había congregado en uno viniendo de diversas partes para vivir en santa caridad, santa pobreza y santa obediencia, así debían permanecer siempre hasta la muerte en la práctica de dichas virtudes.
(LP 85)
Enero 30
Francisco las exhortó, en particular, a que proveyesen con alegría y discreción a sus necesidades corporales sirviéndose de las limosnas que el Señor les proporcionase. Y especialmente a que las sanas tuviesen paciencia en los trabajos al ir a servir a las enfermas y que éstas, a su vez, fuesen pacientes en sus necesidades y enfermedades.
(LP 85)
Enero 31
Vuélvese finalmente a las hijas que lloran para recomendarles la pobreza del Señor y les recuerda, alabándolos, los beneficios divinos. Bendice a sus devotos y devotas e implora la gracia de una larga bendición sobre todas las damas pobres de los monasterios que existen y existirán.
(LegCl 45)
