AGOSTO

Cristo pobre y crucificado.

Pobreza y humildad.

 

Agosto 1

            Y a fin de que jamás nos separásemos de la santísima pobreza que abrazamos, ni tampoco las que nos habían de suceder, poco antes de su muerte nos escribió de nuevo su última voluntad diciendo: “Yo, el hermano Francisco, pequeñuelo, quiero seguir la vida y pobreza del altísimo Señor nuestro Jesucristo y de su santísima Madre y perseverar en ella hasta el fin. Y os ruego y aconsejo, señoras mías, que viváis siempre en esta santísima vida y pobreza. Y guardaos mucho de separaros jamás de ella en manera alguna, por doctrina o consejo de alguno”.

(ClR, 6, 6-9)

Agosto 2

            Y así como yo, juntamente con mis hermanas, fui siempre solícita de guardar la santa pobreza que prometimos al Señor Dios y al bienaventurado Francisco, del mismo modo las abadesas que me sucedieren en el oficio y todas las hermanas están obligadas a guardarla inviolablemente hasta el fin, esto es, a no recibir ni tener posesión o propiedad, ni por sí ni por interpuesta persona, ni tampoco cosa alguna que razonablemente pueda decirse propiedad, sino aquel tanto de terreno que sea necesario para la honestidad y aislamiento del monasterio; y ese terreno no se cultive sino como huerto para las necesidades de las hermanas del monasterio.

(ClR, 6, 10-15)

Agosto 3

Como es manifiesto, deseando consagraros a sólo el Señor, renunciasteis al apetito de las cosas temporales; por lo cual, vendido todo y distribuido a los pobres, os proponéis no tener posesión alguna, siguiendo en todo las huellas de Aquel que por nosotros se hizo pobre, camino, verdad y vida.

(Privileg)

Agosto 4

            Y por amor del santísimo y amadísimo Niño, envuelto en pobrísimos pañales y reclinado en el pesebre, y de sus santísima Madre, amonesto, ruego y exhorto a mis hermanas que se vistan siempre de vestiduras viles.

(ClR, 2, 25)

Agosto 5

            Nada se apropien las hermanas: ni casa, ni lugar, ni cosa alguna; sino que, como peregrinas y advenedizas en este mundo, sirviendo al Señor en pobreza y humildad, envíen por limosna confiadamente. Ni deben avergonzarse, pues el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo. Esta es aquella excelencia de la altísima pobreza que a vosotras, carísimas hermanas mías, os instituyó herederas y reinas del reino de los cielos, os hizo pobres de bienes temporales y os sublimó en virtudes. Sea ésta vuestra herencia, que conduce a la tierra de los vivientes. A la cual, amadísimas hermanas, adhiriéndoos de todo en todo, por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo y de su santísima Madre, ninguna otra cosa debajo del cielo para siempre queráis haber.

(ClR, 8, 20)

Agosto 6

            Después [san Francisco] nos escribió la forma de vida, y principalmente que perseverásemos siempre en la santa pobreza. Y no se contentó con habernos exhortado durante su vida con sus muchas conferencias y ejemplos al amor y observancia de la santísima pobreza, sino que también nos entregó muchos escritos, para que, después de su muerte, de ninguna manera nos separásemos de ella; así como tampoco el Hijo de Dios mientras vivió en el mundo jamás quiso separarse de la misma. Y nuestro beatísimo padre Francisco, siguiendo sus huellas, mientras vivió, de ninguna manera, ni con su ejemplo ni en su doctrina, se apartó de su santa pobreza que eligió para sí y para sus frailes.

(ClT, 5)

Agosto 7

            Considerando, pues, yo, Clara, sierva, aunque indigna, de Cristo y de las Hermanas Pobres del monasterio de San Damián, y pequeña planta del santo Padre, con las demás hermanas, nuestra altísima profesión y el mandato de un tan gran Padre, así como la fragilidad de otras, que temíamos en nosotras después de la muerte de nuestro santo padre Francisco, que era nuestra columna y único consuelo y sostén después de Dios, una y otra vez nos obligamos voluntariamente a nuestra señora la santísima pobreza, a fin de que después de mi muerte las hermanas presentes y venideras no puedan apartarse en modo alguno de ella.

(ClT, 6)

Agosto 8

            Así como yo fui siempre cuidadosa y solícita de guardar y hacer que las demás guardasen la santa pobreza, que prometimos a Dios y a nuestro padre San Francisco, del mismo modo sean obligadas las que me sucedieren en el oficio a guardarla y hacer que sea guardada por las demás.

(ClT,6)

Agosto 9

            Por tanto, como lo habéis suplicado, con benignidad apostólica confirmamos vuestro propósito de la altísima pobreza, concediéndoos, con la autoridad de las presentes Letras, que por ninguno podáis ser obligadas a recibir posesiones.

            A ninguno, pues, de los hombres sea lícito en manera alguna violar esta escritura de nuestra concesión, o con osadía temeraria ir contra ella. Y si alguno presumiere atentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios todopoderoso y de los bienaventurados Pedro y Pablo, sus apóstoles.

(Privileg)

Agosto 10

            Amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo que se guarden las hermanas de toda soberbia, vanagloria, envidia, avaricia, cuidado y solicitud de este siglo, de la detracción y murmuración, de la disensión y división. Sean, por el contrario, solícitas siempre en guardar unas con otras la unidad de la mutua dilección, que es vínculo de perfección.

(ClR, 10, 26)

Agosto 11

            Cercana a la muerte, una noche, al comienzo del sábado, la santa Madre comenzó a hablar diciendo: “Vete segura en paz, porque tendrás buena escolta: el que te creó, antes te santificó y, después que te creó, puso en ti al Espíritu Santo, y siempre te ha mirado como la madre al hijo que ama”. Y añadió: “Tú, Señor, seas bendito porque me has creado”. 

(Proces III, 20)

Agosto 12

            Para mayor cautela fui solícita de hacer que el señor papa Inocencio, bajo cuyo pontificado comenzamos, y otros sucesores suyos, corroborasen con sus privilegios nuestra profesión de la santísima pobreza, que prometimos también a nuestro padre, a fin de que en ningún tiempo nos apartásemos en manera alguna de ella.

(ClT, 6)

Agosto 13

            Amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo a todas mis hermanas, así presentes como venideras, que se esmeren en seguir siempre el camino de la santa sencillez, humildad y pobreza, y guardar el decoro de la santa conversación, así como desde el principio de nuestra conversión a Jesucristo nos lo enseñó nuestro bienaventurado padre Francisco.

(ClT, 9)

Agosto 14

            ¡Oh pobreza bienaventurada, que procura riquezas eternas a quien la ama y abraza! ¡Oh santa pobreza, por la cual, a quienes la poseen y desean, Dios promete el reino de los cielos, y sin duda alguna ofrece la gloria eterna y la vida bienaventurada! ¡Oh piadosa pobreza, la cual se dignó abrazar con preferencia el Señor Jesucristo, que gobernaba y gobierna aún el cielo y la tierra, y que bastó que él lo ordenara y todo se hizo! En efecto, las zorras tienen sus madrigueras        –dice él- y las aves del cielo sus nidos, mientras el hijo del hombre, es decir, Cristo, no tiene dónde reclinar su cabeza, sino que entregó su espíritu inclinándola.

(Cl1C 3)

Agosto 15

            Si, pues, un Señor tan grande y de tal calidad, encarnándose en el seno de una virgen, quiso aparecer en este mundo como un hombre despreciado, indigente y pobre, para que los hombres, que eran pobrísimos e indigentes, con gran necesidad del alimento celeste, se hicieran en él ricos por la posesión del reino de los cielos, justo es que saltéis de júbilo y os alegréis, que os llenéis de gozo inmenso y de espiritual alegría, porque, al preferir el desprecio del siglo a los honores, y  la pobreza a las riquezas temporales, y el esconder vuestros tesoros, no en la tierra, sino en el cielo, donde ni la herrumbre los corroe, ni los come la polilla, ni los ladrones los descubren y roban, os habéis asegurado una recompensa copiosísima en los cielos y habéis merecido ser titulada hermana, esposa y madre del Hijo del Altísimo Padre y de la Virgen gloriosa.

(Cl1C 3)

Agosto 16

            Creo que firmemente sabéis cómo el reino de los cielos sólo se promete y se da por Dios a los pobres; ya que en tanto se pierde el fruto de la caridad en cuanto se ama algo temporal; porque no se puede servir a la vez a Dios y al dinero; pues o bien se ama a uno y se detesta al otro, o se sirve a aquél y se desprecia a éste.

(Cl1C 4)

Agosto 17

            Un hombre vestido no puede luchar con otro desnudo, porque es más fácil derribar al que lleve algo por donde pueda agarrársele; y antes podrá pasar un camello por el ojo de una aguja que subir un rico al reino celeste. Por eso os habéis despojado de vuestros vestidos, es decir, de las riquezas temporales, a fin de no sucumbir en la lucha y poder entrar en el cielo por el camino arduo y la puerta estrecha.

(Cl1C 4)

Agosto 18

            Es un negocio importante y laudable dejar lo temporal por lo eterno, merecer los bienes celestes a cambio de los terrenos, recibir el ciento por uno, y asegurarse por siempre la vida bienaventurada.

(Cl1C 4)

Agosto 19

            Si alguien te dijere o te sugiriere otra cosa, que impida tu perfección o que parezca contrario a tu divina vocación, no le hagas caso, aunque debas respetarlo, sino abraza a Cristo pobre como virgen pobre. Míralo hecho despreciable por ti, y síguelo, haciéndote despreciable por él en este mundo.

(Cl2C 4)

 

Agosto 20

            Si sufres con Él, reinarás también con Él; si con Él lloras, con Él gozarás; si mueres con Él en la cruz de la tribulación, poseerás las moradas eternas en el esplendor de los santos, y tu nombre, inscrito en el libro de la vida, será glorioso entre los hombres. Porque tendrás para siempre, por los siglos de los siglos, la gloria del reino celeste en vez de los honores terrenos y transitorios; participarás de los bienes eternos a cambio de los perecederos, y vivirás por los siglos de los siglos.

(Cl2C 4)

Agosto 21

            He visto cómo, sostenida por una admirable prerrogativa de la sabiduría de la boca del mismo Dios, suplantas de modo terrible e inopinable las astucias del hábil enemigo, y de la soberbia destructora de la naturaleza humana, y la vanidad que infatúa los corazones de los hombres, y cómo abrazas con la humildad y con la virtud de la fe y con los brazos de la pobreza el tesoro incomparable escondido en el campo del mundo y de los humanos corazones, con el cual se compra aquello por cuya virtud todas las cosas se hicieron de la nada.

(Cl3C 2)

Agosto 22

            Y si sucediere que en algún tiempo debiesen abandonar este lugar las sobredichas hermanas, y trasladarse a otro, estén sin embargo obligadas a guardar, después de mi muerte, donde quiera que se hallaren, la sobredicha forma de la pobreza que prometimos a Dios y a nuestro beatísimo padre Francisco.

(ClT, 8)

Agosto 23

Llenaos de estupor, ¡oh sores!, considerando con cuántos ejemplos de virtud brilla aquí la natural sensualidad femenina, y con qué vigor de fortaleza reluce Clara superando con su andar inmaculado el fango de la lubricidad mundana y no prorrumpiendo en gemidos quejumbrosos ni abriendo la boca a lamentaciones seniles, no obstante sentirse herida por el punzón de una larga enfermedad y estar roída por la debilidad de una edad avanzada; sino que, cuanto más oprimida por el calcañar de su dolencia, tanto más rendidamente ofrecía al Señor el cántico de alabanza.

(NotCl)

Agosto 24

            Y con qué cíngulo de sobriedad iría ceñida y en qué llama de caridad estaría encendida ella, que de tal modo sustraía sus velas, con las manos de la modestia, a los vientos tempestuosos, que ningún ímpetu de borrasca violenta o peligrosa pudiera turbar la paz y tranquilidad de su alma.

(NotCl)

Agosto 25

            Cuando advertía, según los casos, que había pobres que carecían de vestidos, y hambrientos sin comida, y sedientos sin bebida, aportaba su remedio susurrando benignamente estas palabras: “Soportad con cortesía, llevad con paciencia las cargas de la pobreza y aceptad con humildad el fardo de la indigencia, porque la paciencia ejercitada en estas condiciones, llegando ante la morada de Dios, conducirá a quienes la practican a las delicias del paraíso y les proporcionará el tesoro de la eterna recompensa”.          

(NotCl)

Agosto 26

            Clara realmente plantó y cultivó en la parcela de la fe la viña de la pobreza, de la cual se recogen repletos y exquisitos racimos de salvación; ella cultivó en la heredad de la Iglesia el huerto de la humildad, marcando sus lindes con escaseces de todo género, pero produciendo gran cosecha de virtudes; ella, en el término de la religión, ha fabricado la fortaleza de la estricta abstinencia, en la que se suministra abundante comida de alimento espiritual.

(BulaCan 8)

Agosto 27

            Clara fue destacada amante y hacendosa cultivadora de la pobreza: de tal manera la estableció en su alma, así la unió a sus anhelos, que, amándola cada vez más firmemente y abrazándola día a día con más ardor, por nada de este mundo se separó de su estrecho y gozoso abrazo. Y nada pudieron con ella los consejos de que su monasterio admitiera posesiones propias, aun cuando nuestro predecesor Gregorio IX, de feliz memoria, movido por la piedad y compasión para con el dicho monasterio, quiso espontáneamente señalarle oportunas y suficientes posesiones para el sustento de sus sores.

(BulaCan 12)

Agosto 28

            El llanto sobre la pasión del Señor es tan familiar en Clara, que, de las sagradas heridas, una vez apura la amargura de la mirra, otra vez sorbe los más dulces gozos. La embriagan vehementemente las lágrimas de Cristo paciente, y la memoria le reproduce con frecuencia a quien el amor le había grabado más profundamente en su corazón. Enseña a las novicias a llorar a Cristo crucificado, y, a un tiempo, lo que enseña de palabra lo ejemplifica con hechos. En efecto, cuando en privado las exhortaba a tales efectos, antes que la fluidez de las palabras fluía el riego de las lágrimas.

            Sexta y Nona son las horas del día en que con mayor compunción se afecta de ordinario, queriendo ser inmolada con el Señor inmolado.

(LegCl 30)

Agosto 29

            Además, para alimentar la mente sin intermisión en las delicias del Crucificado, [Clara] meditaba muy a menudo la oración de las cinco llagas del Señor. Aprendió el oficio de la Cruz, tal como lo había compuesto el amador de la cruz Francisco, y con similar afecto lo recitó a menudo. Ceñíase bajo el vestido sobre la carne una cuerdecilla anudada con trece nudos, memorial secreto de las heridas del Salvador.

(LegCl 30)

Agosto 30

            Madonna Clara amaba mucho a los pobres y por su buena conducta todos los ciudadanos la tenían en gran veneración.

(BulaCan 1, 3)

Agosto 31

            Os ruego con gran amor

que administréis con discreción

las limosnas que os dé el Señor.

(ExhCl 4)