Clara y Francisco.

ABRIL 

Abril 1

             Después de que el altísimo Padre celestial se dignó con su gracia iluminar mi corazón, para que, con el ejemplo y enseñanza de nuestro beatísimo padre San Francisco, hiciese yo penitencia, poco después de su conversión le prometí voluntariamente obediencia juntamente con mis hermanas.

(ClR, 6, 1)

Abril 2

Por tanto, amadas hermanas, debemos considerar los inmensos beneficios que Dios nos ha otorgado, y entre otros lo que en nosotras se ha dignado obrar por su amado siervo, nuestro bienaventurado padre Francisco, no solamente después de nuestra conversión, sino también cuando estábamos en las vanidades del siglo. Pues el mismo Santo, cuando aún no tenía hermanos ni compañeros, casi en seguida después de su conversión, cuando edificaba la iglesia de San Damián en donde, visitado totalmente por los consuelos divinos, fue constreñido a abandonar del todo el siglo, en un transporte de alegría e ilustrado por el Espíritu Santo, profetizó de nosotras lo que más tarde el Señor realizó. Porque subiendo entonces sobre el muro de la mencionada iglesia, hablaba en lengua francesa a ciertos pobres que allí cerca estaban: “Venid y ayudadme en las obras del monasterio de San Damián; porque aún ha de haber en él ciertas señoras con cuya famosa y santa vida se dará gloria a nuestro Padre celestial en toda su santa Iglesia”.

(ClT, 2)

Abril 3

El Hijo de Dios se nos ha hecho camino que con la palabra y el ejemplo nos ha mostrado y enseñado nuestro bienaventurado Padre Francisco, verdadero amante e imitador suyo.

(ClT, 1)

Abril 4

            Y viendo el bienaventurado Francisco que, aunque débiles y flacas según el cuerpo, ninguna necesidad, ni trabajo, ni tribulación, ni afrenta, ni menosprecio del siglo rehusamos, sino que más bien los reputábamos como grandes delicias, a ejemplo de los santos y de sus frailes, como él y sus frailes lo comprobaron frecuentemente, se alegró mucho en el Señor; y movido de piedad para con nosotras, se obligó por sí y en nombre de su religión a tener siempre de nosotras un diligente cuidado y una especial solicitud como de sus frailes.

(ClT, 4)

Abril 5

            Y así como el Señor nos dio a nuestro beatísimo padre Francisco por fundador, plantador y ayuda nuestra en el servicio de Cristo y en las cosas que a Dios y al mismo padre nuestro prometimos, el cual también, mientras vivió, fue muy solícito siempre en cultivarnos y alentarnos con la palabra y el ejemplo, a nosotras que somos su plantita, así recomiendo al sucesor de nuestro bienaventurado padre Francisco, y a toda la religión, todas mis demás hermanas, actuales y venideras, a fin de que nos ayuden para adelantar siempre en el bien, servir a Dios, y sobre todo guardar mejor la santísima pobreza.

(ClT, 7)

Abril 6

            Ahora paso a responder a tu caridad acerca de las cuestiones que me pediste te explicara, a saber, cuáles son las fiestas que nuestro glorioso padre San Francisco nos aconsejó que celebráramos especialmente con variedad de manjares. Sepa, pues, tu prudencia que, exceptuadas las débiles y enfermas, para con las cuales nos aconsejó y ordenó que procediéramos con toda la discreción posible, proporcionándoles cualquier género de manjares, ninguna de las que estamos sanas y fuertes deberíamos tomar sino comidas cuaresmales, ayunando todos los días, tanto en los feriales como en los festivos, fuera de los domingos y del día de Navidad, en los que podríamos comer dos veces al día; y de los jueves, en los tiempos acostumbrados, según la voluntad de cada una, de modo que no estuviera obligada a ayunar quien no quisiera hacerlo.

(Cl3C 5)

Abril 7

            Nosotras las sanas ayunamos todos los días fuera de los domingos y de la Navidad. Y tampoco estamos obligadas a ayunar en las Pascuas, como lo ordena el escrito de San Francisco, ni en las festividades de Santa María de los Santos Apóstoles, a no ser que caigan en viernes; salvo, empero, que, como queda dicho arriba, las que estamos sanas y fuertes sólo tomamos comidas cuaresmales.

(Cl3C 5)

Abril 8

            Ya que, por divina inspiración, os habéis hecho hijas y siervas del altísimo sumo Rey Padre celestial y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir según la perfección del santo Evangelio, quiero y prometo dispensaros siempre, por mí mismo y por medio de mis hermanos, y como a ellos, un amoroso cuidado y una especial solicitud.

(FV)

Abril 9

            La misma semana en que murió el bienaventurado Francisco, la señora Clara, primera plantita de la Orden de las hermanas, abadesa de las señoras pobres de San Damián de Asís, émula de San Francisco en la continua observancia de la pobreza del Hijo de Dios, estaba también muy enferma y temía morir antes que el bienaventurado Francisco. Lloraba amargamente y no se podía consolar, pues creía que antes de morir no podría ver a quien, después de Dios, consideraba como a padre suyo, es decir, al bienaventurado Francisco; él había sido el consolador del hombre interior y exterior y él quien primero la cimentó en la gracia de Dios.

(LP 13)

Abril 10

            [Francisco] las amaba, a ella y a sus hermanas, con afecto paternal por la santa vida que llevaban y, sobre todo, porque, a los pocos años de haber comenzado a tener hermanos, se convirtió Clara, con la gracia del Señor, mediante las exhortaciones del bienaventurado Francisco; su conversión constituyó motivo de gran edificación no sólo para la Religión de los hermanos, sino para toda la Iglesia de Dios.

(LP 13)

Abril 11

            Mas, considerando el bienaventurado Francisco que lo que ella deseaba, verle a él, no era entonces posible por estar ambos gravemente enfermos, para consolarle le dio por escrito su bendición y la absolución de todas las faltas posibles a sus órdenes y deseos y a los mandamientos y deseos del Hijo de Dios. Además, para que disipara toda tristeza y se consolase en el Señor, dijo –no él, sino el Espíritu Santo por medio de él- al hermano que Clara había enviado: “Ve y lleva este escrito a la señora Clara. Le dirás que no sufra ni esté triste, porque no pueda verme ahora; pero que esté segura de que, antes de su muerte, ella y sus hermanas me verán y les proporcionaré un gran consuelo”.

(LP 13)

Abril 12

            Poco después, el bienaventurado Francisco falleció durante la noche. A la mañana siguiente, todo el pueblo de Asís, hombres y mujeres, y todo el clero, tomando el santo cuerpo del lugar donde había fallecido y entonando himnos y alabanzas, con ramos de árboles en las manos, le llevaron, por voluntad divina, a San Damián, para que se cumpliera la palabra que el Señor había pronunciado por boca de su Santo para consuelo de sus hijas y servidoras.

(LP 13)

Abril 13

            Se quitó la reja de hierro de la ventana, a través de la cual suelen comulgar las hermanas y a veces escuchan la palabra de Dios; los hermanos tomaron de la camilla el santo cuerpo y lo sostuvieron en sus brazos delante de la ventana durante largo rato. La señora Clara y sus hermanas se consolaron muy mucho viéndole, auque derramaron abundantes lágrimas y sintieron gran dolor, pues después de Dios era él, en este mundo, su único consuelo.

(LP 13)

Abril 14

            Aquellos mismos días y en el mismo lugar, el bienaventurado Francisco, después de haber compuesto las alabanzas del Señor por sus criaturas, compuso también unas letrillas santas con música, para mayor consuelo de las damas pobres del monasterio de San Damián, particularmente porque sabía que estaban muy afectadas por su enfermedad.

            Como no podía, a causa de la enfermedad, visitarlas y consolarlas personalmente, hizo que sus compañeros les transmitieran la letra que había compuesto para ellas. Con estas palabras, como siempre, les quiso manifestar brevemente su voluntad: que debían tener una sola alma y vivir unidas en caridad, ya que, por su predicación y ejemplo, ellas se habían convertido a Cristo cuando los hermanos eran todavía pocos.

(LP 85)

Abril 15

            Se hallaba San Francisco gravemente enfermo de los ojos, y mecer Hugolino, cardenal protector de la Orden, por el tierno amor que le profesaba, le escribió que fuera a encontrarse con él en Rieti, donde había muy buenos médicos de los ojos. San Francisco, recibida la carta del cardenal, fue primero a San Damián, donde estaba Santa Clara, esposa devotísima de Cristo, con el fin de darle alguna consolación y luego proseguir a donde el cardenal lo llamaba.

            Pero estando aquí, a la noche siguiente empeoró de tal manera su mal de ojos, que no soportaba la luz. Como por esta razón no podía partir, le hizo Santa Clara una celdita de cañizos para que pudiera reposar.

(Flor XIX)

Abril 16

            Nuestro visitador sea siempre de la Orden de Frailes Menores, según la voluntad y mandato de nuestro cardenal. Y sea tal que se tenga completo conocimiento de su probidad y costumbres. Su oficio será corregir los abusos cometidos contra la forma de nuestra profesión, así en la cabeza como en los miembros. Al cual, estando en lugar público, para que puedan verlo las otras, séale lícito hablar con todas y cada una acerca de las cosas que conciernen al oficio de la visita, según le pareciere más conveniente.

(ClR 12, 29)

Abril 17

            Así como misericordiosamente siempre hemos tenido de la sobredicha Orden de Frailes Menores un capellán con un compañero clérigo de buena fama y prudente discreción, y dos hermanos legos, amantes de la santa conversación y honestidad, para ayuda de nuestra pobreza, a la misma Orden pedimos, por el amor de Dios y del bienaventurado Francisco, siga otorgándonos esta gracia.

(ClR 12, 30)

Abril 18

            Cuando estaba en Asís San Francisco, visitaba con frecuencia a Santa Clara y le daba santas instrucciones. Ella tenía grandísimo deseo de comer una vez con él; se lo había pedido muchas veces, pero él no quiso concederle ese consuelo. Viendo, pues, sus compañeros el deseo de Santa Clara, dijeron a San Francisco:

            -Padre, nos parece que no es conforme a la caridad de Dios esa actitud de no dar gusto a la hermana Clara, una virgen tan santa y amada del Señor en una cosa tan pequeña como es comer contigo; y más teniendo en cuenta que por tu predicación abandonó ella las riquezas y las pompas del mundo. Aunque te pidiera otro favor mayor que éste, deberías condescender con esa tu planta espiritual.

            -Entonces, ¿os parece que la debo complacer? –respondió San Francisco.

            -Sí, padre –le dijeron los compañeros-; se merece recibir de ti este consuelo.

            Dijo entonces San Francisco:

            -Puesto que así os parece a vosotros, también me lo parece a mí. Mas, para que le sirva a ella de mayor consuelo, quiero que tengamos esta comida en Santa María de los Ángeles, ya que lleva mucho tiempo encerrada en San Damián, y tendrá gusto en volver a ver este lugar de Santa María, donde le fue cortado el cabello y donde fue hecha esposa de Jesucristo. Aquí comeremos juntos en el nombre de Dios.

(Flor XV)

Abril 19

            El día convenido salió Santa Clara del monasterio con una compañera y, escoltada de los compañeros de San Francisco, se encaminó a Santa María de los Ángeles. Saludó devotamente a la Virgen María en aquel mismo altar ante el cual le había sido cortado el cabello y había recibido el velo y, luego la llevaron a ver el convento hasta que llegó la hora de comer. Entre tanto, San Francisco hizo preparar la mesa sobre el suelo, como él estaba acostumbrado. Y, llegada la hora de comer, se sentaron a la mesa juntos San Francisco y Santa Clara, y uno de los compañeros de San Francisco, al lado de la compañera de Santa Clara; y después se acercaron humildemente a la mesa todos los demás compañeros.

(Flor XV)

Abril 20

            Como primera vianda, San Francisco comenzó a hablar de Dios con tal suavidad, con tal elevación y tan maravillosamente, que, viniendo sobre ellos la abundancia de la divina gracia, todos quedaron arrebatados en Dios. Y, estando así arrobados, elevados los ojos y las manos al cielo, las gentes de Asís y de Bettona y las de todo el contorno vieron que Santa María de los Ángeles y todo el convento y el bosque que había entonces al lado del convento ardían violentamente, como si fueran pasto de las llamas la iglesia, el convento y el bosque al mismo tiempo; por lo que los habitantes de Asís bajaron a todo correr para apagar el fuego, persuadidos de que todo estaba ardiendo. Al llegar y ver que no había tal fuego, entraron al interior y encontraron a San Francisco con Santa Clara y con todos los compañeros arrebatados en Dios por la fuerza de la contemplación, sentados en torno a aquella humilde mesa. Con lo cual se convencieron de que se trataba de un fuego divino y no material, encendido milagrosamente por Dios para manifestar y significar el fuego del amor divino en que se abrasaban las almas de aquellos santos hermanos y de aquellas santas monjas. Y se volvieron con el corazón lleno de consuelo y santamente edificados.

(Flor XV)

Abril 21

            Al volver en sí, después de un largo rato, San Francisco y Santa Clara, junto con los demás, bien refocilados con el alimento espiritual, no se cuidaron mucho del manjar corporal. Y, terminado que hubieron la bendita refección, Santa Clara volvió bien acompañada a San Damián.

            Las hermanas, al verla, se alegraron mucho, porque temían que San Francisco la hubiera enviado a gobernar otro monasterio, como ya había enviado a su santa hermana sor Inés a gobernar como abadesa el monasterio de Monticelli, de Florencia.

(Flor XV)

Abril 22

            El humilde siervo de Dios san Francisco, poco después de su conversión, cuando ya había reunido y recibido en la Orden a muchos compañeros, tuvo grande perplejidad sobre lo que debía hacer: o vivir entregado solamente a la oración, o darse alguna vez a la predicación; y deseaba vivamente conocer cuál era la voluntad de Dios. Y como la santa humildad, que poseía en alto grado, no le permitía presumir de sí ni de sus oraciones, prefirió averiguar la voluntad divina recurriendo a las oraciones de otros. Llamó, pues, al hermano Maseo y le habló asi:

            -Vete a encontrar a la hermana Clara y dile de mi parte que, junto con algunas de sus compañeras más espirituales, ore devotamente a Dios pidiéndole se digne manifestarme lo que será mejor: dedicarme a predicar o darme solamente a la oración. Vete después a encontrar al hermano Silvestre y le dirás lo mismo.

(Flor XVI)

Abril 23

            Marchó el hermano Maseo, y, conforme al mandato de San Francisco, llevó la embajada primero a Santa Clara y después al hermano Silvestre. Éste, no bien la recibió, se puso al punto en oración; mientras oraba tuvo la respuesta divina, y volvió donde el hermano Maseo y le habló así:

            -Esto es lo que has de decir al hermano Francisco de parte de Dios: que Dios no lo ha llamado a este estado solamente para él, sino para que coseche fruto de almas y se salven muchos por él.

            Recibida esta respuesta, el hermano Maseo volvió donde Santa Clara para saber qué es lo que Dios le había hecho conocer. Y Clara respondió que ella y sus compañeras habían tenido de Dios aquella misma respuesta recibida por el hermano Silvestre.

(Flor XVI)

Abril 24

            Volvió el hermano Maseo donde San Francisco, y San Francisco lo recibió con gran caridad, le lavó los pies y le sirvió de comer. Cuando hubo comido el hermano Maseo, San Francisco lo llevó consigo al bosque, se arrodilló ante él, se quitó la capucha y, cruzando los brazos, le pregunto:

            -¿Qué es lo que quiere de mí mi Señor Jesucristo?

            El hermano Maseo respondió:

-Tanto al hermano Silvestre como a sor Clara y sus hermanas ha respondido y revelado Cristo que su voluntad es que vayas por el mundo predicando, ya que no te ha elegido para ti solo, sino también para la salvación de los demás.

Oída esta respuesta, que le manifestaba la voluntad de Cristo, se levantó al punto lleno de fervor y dijo:

-¡Vamos en el nombre de Dios!

(Flor XVI)

Abril 25

            La primera obra que el bienaventurado Francisco emprendió, después de haber recobrado para sí la entera independencia de su padre según la carne, fue edificar una casa al Señor (...)

            Esta es la casa bendita y santa donde tuvo próspero origen la gloriosa religión y nobilísima Orden de Damas Pobres y santas vírgenes, fundada por el mismo bienaventurado Padre, transcurridos seis años de su sincera conversión. En ella la ilustre Clara, oriunda de Asís, cual piedra preciosa e inquebrantable sirvió de base dignísima a todas las que debían sobreponerse. Porque después de la fundación de los frailes, dicha noble doncella, resuelta a entregarse únicamente al Señor, por los consejos de nuestro Santo, sirvió de ejemplo y guía a otras innumerables vírgenes.

(1Cel 8, 18)

Abril 26

            Oyendo a tal tiempo hablar de Francisco, cuyo nombre es ya famoso, quien como nuevo hombre renovaba con nuevas virtudes el camino de la perfección abolida en el mundo, en seguida quiere escucharle y verle, movida a este propósito por el Padre de los Espíritus, de quien tanto el uno como el otro había recibido, si bien de diferente modo, los primeros impulsos. Y no es menor en aquél el deseo de verla y hablarla, enterado de la aireada fama de tan agraciada joven, por si de alguna manera, deseoso como estaba de conquistas y llamado como se sentía a devastar el reino del mundo, pudiera arrebatar al siglo perverso este noble botín y reivindicarlo para su Señor. Él va a visitarla, y con más frecuencia ella a él, espaciando las entrevistas, porque no fuera percibida de humana persona aquella divina amistad, ni fuera denigrada en la opinión pública. Por eso, acompañándose tan sólo de una  compañera familiar, la joven salía del hogar paterno y repetía las visitas clandestinas al varón de Dios, cuyas palabras le parecían llameantes y su conducta sobrehumana.

(LegCl 5)

Abril 27

            Clara se confía por entero a la prudencia de Francisco, eligiéndole a él, después de Dios, para maestro de su dirección. Desde entonces su alma está pendiente de las sagradas normas de aquél, y recoge en caliente corazón cuanto él va exponiéndole en pláticas acerca del buen Jesús. Con todo esto, se le hace penosa la elegancia de los aderezos mundanos y reputa como basura todo lo que es complacencia para la calle, con el fin de ganarse a Cristo.

(LegCl 6)

Abril 28

Estaba cercano el día solemne de Ramos cuando la joven, con ferviente corazón, se dirigió al varón de Dios queriendo saber, a propósito de su cambio de vida, qué y en qué manera había de resolverse. Ordénale el padre Francisco que el día de la fiesta, compuesta y engalanada, se acerque a recibir la palma mezclada con la gente, y que, a la noche siguiente, saliendo de la ciudad, convierta el mundano gozo en el luto de la pasión del Señor.

(LegCl 7)

Abril 29

            Abandonadas la casa, la ciudad y la familia, se dio prisa por llegar a Santa María de Porciúncula, donde los frailes, que velaban las vigilias sagradas al pie de un altarcito, recibieron con antorchas a la virgen Clara (...)

            No hubiera estado bien que, ante la decadencia de los tiempos, surgiese esta Orden de la floreciente virginidad en otro lugar que no fuera la corte de aquella que, primera entre todas y la más digna, ella única sobresalió madre y virgen. Este es aquel lugar donde la nueva milicia de los pobres, bajo el mandato de Francisco, ceñía sus felices comienzos para que quedara claro que la Madre de misericordia alumbraba en su morada ambas familias religiosas. En cuanto hubo recibido, al pie del altar de la bienaventurada María, la enseña de la santa penitencia, y cual si ante el lecho nupcial de esta Virgen la humilde sierva se hubiera desposado con Cristo, inmediatamente san Francisco la trasladó a la iglesia de San Pablo para que en aquel lugar permaneciera hasta tanto que el Altísimo dispusiera otra cosa.

(LegCl 8)

Abril 30

            Después que ingresaron las vírgenes de Cristo en aquel lugar [San Damián], llegadas de todas las partes del mundo, y profesaron la perfección suma en la observancia de la altísima pobreza y en el esplendor de las más heroicas virtudes, aunque el Padre [San Francisco] las fue retirando poco a poco su presencia corporal, sin embargo, por su afecto en el Espíritu Santo, aplicóse al cuidado de las mismas. Pues, como el Santo las reconociera probadas por muchas demostraciones de elevada perfección y dispuestas a sufrir todo infortunio y tolerar cualquier trabajo antes que apartarse jamás de los santos mandamientos, les prometió, a cuantas profesaran la pobreza con idéntico rigor, auxilio y consejo perpetuo, de su parte y de la de sus frailes. Y lo cumplió escrupulosamente siempre durante su vida, y, cercano ya a la muerte, ordenó con instancia que siempre se ejecutase. Porque uno e idéntico espíritu había alejado del mundo –decía- tanto a los frailes como a las Damas Pobres.

(2Cel 204)